Las primeras elecciones autonómicas en Castilla y León, que tuvieron lugar en 1983, vieron cómo el PSOE arrasaba con un 44,8% de los votos, logrando 42 escaños, a tan solo uno de alcanzar la mayoría absoluta.
Demetrio Madrid se convirtió en el primer presidente de la Junta gracias a una investidura por mayoría simple, dando inicio a una etapa socialista que nadie esperaba que fuera tan breve.
Cuatro años más tarde, en 1987, José María Aznar y su Alianza Popular, precursora del PP, empataron en escaños con los socialistas (32 cada uno), aunque lograron la victoria por apenas 5.000 votos.
Este fue el comienzo de la dominación conservadora, que solo se vio interrumpida en 2019, cuando el PSOE liderado por Luis Tudanca obtuvo 35 escaños frente a los 29 del PP.
Un bastión de la derecha con pocas excepciones
A lo largo de los años, Castilla y León se ha consolidado como un auténtico bastión del PP: ha ganado todas las elecciones autonómicas salvo dos de las once celebradas desde la llegada de la democracia y ha gobernado sin interrupciones desde 1987. Tras ese empate inicial, Juan José Lucas afianzó el control con triunfos en 1991, 1995 y 1999, alcanzando incluso mayorías absolutas que llegaron a rozar el 53% en algunas ocasiones.
La etapa dorada llegó con Juan Vicente Herrera, quien logró seis mayorías absolutas consecutivas entre 2001 y 2011, alcanzando un pico de 53 escaños en el año 2011. Sin embargo, en 2015, el PP cayó a 42 escaños y tuvo que contar con la abstención de Ciudadanos (5 escaños) para mantenerse al frente, mientras que Podemos hacía su aparición con un total de 10 escaños. Los socialistas experimentaron una caída drástica al conseguir solo 25 escaños, su peor resultado histórico.
El cambio que se produjo en 2019 fue sorprendente: aunque Tudanca ganó las elecciones, fue Alfonso Fernández Mañueco quien logró imponerse gracias a un pacto entre PP y Ciudadanos (29+12 escaños). En las elecciones de 2022, el PP recuperó su liderazgo con 31 escaños (31,4%), seguido muy de cerca por el PSOE (28 escaños y un 30%) mientras que VOX emergió con fuerza alcanzando los 13 escaños (17,6%), sustituyendo a Ciudadanos como aliado esencial.
Esta fragmentación ha transformado el voto en un verdadero rompecabezas. Antes reinaba el bipartidismo: el PP oscilaba entre un 48-53% entre los años 1995 y 2011, mientras que el PSOE rondaba el 30%. Actualmente hay regionalistas como Unión del Pueblo Leonés, Soria ¡Ya!, o Por Ávila, que tienen escasa representación en las Cortes; además, la izquierda se encuentra desdibujada con formaciones como IU y Podemos, al borde del abismo.
| Elecciones | PP (escaños/votos) | PSOE (escaños/votos) | Tercera fuerza |
|---|---|---|---|
| 1983 | 39 / 40% | 42 / 44,8% | – |
| 1987 | 32 / ~40% | 32 / ~40% | – |
| 1995 | Mayoría absoluta / 52,5% | ~30% | – |
| 2011 | 53 / ~50% | ~30% | – |
| 2019 | 29 / ~29% | 35 / 34,8% | Cs (12) |
| 2022 | 31 / 31,4% | 28 / 30% | Vox (13 / 17,6%) |
Perspectivas para el próximo encuentro electoral del marzo de 2026: ¿mayoría absoluta o más aliados?
Con las elecciones a la vista, los sondeos apuntan hacia un triunfo del PP, aunque ajustado: se estima que podría alcanzar entre los 31 y los 33 escaños (31,1%), bastante lejos de los necesarios para lograr una mayoría absoluta. La situación para Mañueco, quien se acerca a su peor resultado histórico, depende mucho del apoyo de VOX, que podría ascender al 20,8%, lo cual le otorgaría entre 16 y 20 escaños.
El equipo del PSOE, bajo la dirección de Carlos Martínez, alcalde de Soria, sostiene una base estable con sus 28 escaños (solo 2.7 puntos detrás del PP), presentando hasta 40 propuestas para romper con cuatro décadas de conservadurismo: desde medidas contra la despoblación hasta fortalecer ayuntamientos y promover una memoria democrática más activa. Martínez critica abiertamente la «desidia» del gobierno actual y busca pactos con la lista más votada para avanzar.
Por su parte, sin duda alguna, el partido de Santiago Abascal, cuyo candidato es Carlos Pollán se beneficia del descontento generalizado: ha subido tres puntos convirtiéndose así en un aliado indispensable similar a lo sucedido en Extremadura o Aragón. La izquierda fragmentada (Podemos-IU) arriesga incluso perder su único escaño dado su escaso apoyo combinado (5.4%). Las encuestas realizadas por 40 dB y TVE coinciden: si suman sus fuerzas (PP-VOX) logran alcanzar una mayoría combinada (52%), aunque el desgaste nacional afecta a todos los partidos involucrados.
La población envejecida —con un 27.3 % mayores de 65 años— junto a una baja volatilidad electoral favorecen la estabilidad conservadora; no obstante, la urgencia por abordar la despoblación exige cambios significativos. ¿Podrá Mañueco evitar otro «pacto interruptus»? El 80 % de los votantes repiten desde 2022; sin embargo, podría haber sorpresas entre los jóvenes rurales.
