La cortina de humo de los 50 años sin el Generalísimo

Sánchez invita al Rey al primer ‘guateque’ con Franco, pero resulta que Felipe VI tiene una cita previa con embajadores

El Ejecutivo utiliza el "francomodín" para desviar la atención de la corrupción y dividir a los españoles

El Rey Felipe VI, el socialista Sánchez y el Generalísimo Franco
El Rey Felipe VI, el socialista Sánchez y el Generalísimo Franco. PD

Le puede salir el tiro por la culta al marido de Begoña.

En cualquier caso, los gurús del amo del PSOE se pasan el día urdiendo maldades y la ‘trampa‘ tendida al Rey se las atrae.

Hubo varias, en el Discurso de Navidad del monarca, que como no podía ser de otra manera y aprovechando que La Moncloa mete pluma en el texto, el sanchismo hizo a Felipe VI criticar «la contienda política atronadora«.

Tiro equivocado, Majestad, porque no es la crispación, lo que altera la vida de los españoles y enturbia nuestra democracia, sino la corrupción.

La de Pedro Sánchez, su mujer Begoña, su hermano músico, sus aliados, colegas y ministros, que salpica a todo el PSOE.

Sánchez ha vuelto a agitar el avispero político español con su último movimiento: la invitación a Felipe VI para asistir al primer acto conmemorativo de los 50 años sin Franco, programado para el 8 de enero de 2025 en el Centro de Arte Reina Sofía.

Esta aparente cortesía institucional esconde una trampa política que pone a la Casa Real en una situación incómoda.

El monarca, que ya tenía programada para ese mismo día la recepción anual del cuerpo diplomático acreditado en España, se encuentra ante un dilema.

Asistir al acto del Gobierno Frankenstein podría interpretarse como una toma de partido en un asunto que divide a la sociedad española.

Por otro lado, declinar la invitación podría ser visto como un desaire al Ejecutivo socialcomunista en particular y la izquierda en general, que sigue anclada en el guerracivilismo.

Esta maniobra de Sánchez no es casual o inocente.

El presidente del Gobierno, acorralado por los escándalos de corrupción que salpican a su entorno más cercano, ha recurrido una vez más al «francomodín«, esa carta comodín que utiliza para desviar la atención de los problemas reales del país y polarizar a la sociedad.

Como señala Alfonso Rojo, director de Periodista Digital:«Sánchez tiende una sucia trampa al Rey».

En su Repaso del 27 de diciembre,  explica que el presidente «pretende utilizar la figura del monarca para blanquear una serie de actos que, lejos de fomentar la concordia, buscan reabrir viejas heridas y enfrentar a los españoles».

La conmemoración de los 50 años sin Franco se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre el pasado y mirar hacia el futuro.

Sin embargo, el Gobierno Sánchez la diseña un arma arrojadiza contra la oposición y en una cortina de humo para tapar sus propios escándalos.

Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, ha defendido la iniciativa argumentando que «es necesario poner en valor la gran transformación que ha vivido España en este medio siglo de democracia».

No obstante, sus críticos señalan que esta celebración tiene poco fundamento histórico y social, y que responde más a intereses partidistas que a una verdadera voluntad de reconciliación.

El llamado «francomodín» no es nuevo en la política española.

Desde la Transición, diversos partidos han recurrido a la figura del dictador para movilizar a sus bases y desacreditar a sus adversarios.

Sin embargo, el uso que hace el actual Gobierno de este recurso alcanza cotas sin precedentes.

José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, ha intentado restar importancia a la polémica, afirmando que «la agenda del Rey se coordina con el Gobierno con meses de antelación».

Fuentes de la Casa Real han expresado su malestar por lo que consideran una falta de tacto por parte del Ejecutivo.

La oposición no ha tardado en reaccionar. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ha acusado a Sánchez de «instrumentalizar la figura del Rey para sus propios intereses partidistas».

 Santiago Abascal, presidente de Vox, ha calificado la iniciativa de «ataque frontal a la convivencia entre españoles».

El debate sobre cómo abordar el pasado franquista sigue siendo un tema sensible en la sociedad española.

Mientras algunos defienden la necesidad de cerrar heridas y mirar hacia el futuro, otros consideran que aún queda mucho por hacer en materia de memoria histórica.

Lo cierto es que, 50 años después de la muerte de Franco, España es un país radicalmente distinto.

La democracia se ha consolidado, la economía se ha modernizado y la sociedad ha experimentado profundos cambios. Sin embargo, el fantasma del dictador sigue planeando sobre la política española, utilizado como arma arrojadiza por unos y otros.

Curiosidades y datos sobre el caso:

  • El 20 de noviembre de 1975, fecha de la muerte de Franco, cayó en jueves. El 8 de enero de 2025, día elegido para el primer acto conmemorativo, será miércoles.
  • La recepción anual del cuerpo diplomático por parte del Rey es una tradición que se remonta a los tiempos de Alfonso XIII.
  • El Centro de Arte Reina Sofía, elegido para el acto, alberga el «Guernica» de Picasso, símbolo de la lucha contra el fascismo.
  • Imanol Pradales, lehendakari del País Vasco, ha anunciado que no asistirá al acto, alegando que «el franquismo ya es historia en Euskadi».
  • Según una reciente encuesta del CIS, el 68% de los españoles considera que los actos conmemorativos de los 50 años sin Franco son «innecesarios» o «contraproducentes».

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