Cifra en apenas 55.316 los asistentes a la marcha por la vida

El enésimo ridículo de Grijelmo

La Comunidad contabilizó 1.200.000 de personas y la Policía, 250.000

La empresa que contrató Grijelmo insiste por su parte en que su trabajo es científico y riguroso

 

La prensa acólita de ZP ha sacado su artillería para adelgazar lo máximo posible la cifra de manifestantes en la Marcha por la Vida. La nota extravagante la puso la agencia EFE de Alex Grijelmo que, mientras fuentes policiales situaron la participación en 255.000 personas, el cómputo de EFE realizado por la empresa Lynce fue de un exiguo 55.316.

La empresa que contrató Grijelmo insiste por su parte en que su trabajo es científico y riguroso ya que no se basa en estimaciones sino en conjunto de imágenes, tomadas incluso desde un globo «cautivo» y completadas con otras cámaras.

SISTEMA INFORMÁTICO

De esta forma utilizan un sistema informático para contar las cabezas de los asistentes. Para el director de Lynce se trata de un sistema tecnológico impecable que permite acabar con «la gran mentira continua de los millones de manifestantes que acudían a cada convocatoria». 

Ante la sorpresa que causaron las cifras difundidas por la agencia Efe, se explicó que el sistema de Lynce cuenta con un margen de error de un 15% por lo que el máximo de manifestabntes llegaría a 63.300 personas. Sin embargo -apunta El Semanal Digital-  la organización del acto fletó para esta ocasión un conjunto de 700 autobuses, con la cifra de 42.000 viajeros. A ello se unieron vuelos especiales y desplazamientos en tren y automóvil.

PARA EL PAÍS, 265.300 PERSONAS

A la marcha se sumaron personas de una ciudad como Madrid con una población de 4 millones de habitantes. El diario El País, que aplicó igualmente un sistema de estimación, equiparó la cifra de asistentes (265.300 personas) a la del Ministerio del Interior (250.000).

En todo caso, cientos de miles de personas en la calle representan una voz a la que es necesario dar audiencia. Esto no es una rancia rebelión de sotanas sino un debate ciudadano que Zapatero ha abierto por su cuenta -sin llevarlo en el programa electoral- y ahora tiene la obligación de atenderlo sin prejuicios morales ni políticos.

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