José Bono homenajea a los olvidados del 23 F

José Bono homenajea a los olvidados del 23 F
El presidente del Congreso, José Bono. Agencia EFE

MADRID, 24 (OTR/PRESS)

No es la primera vez que José Bono rinde homenaje a quiénes estuvieron secuestrados en el Congreso de los Diputados la noche del 23 de febrero de 1981, por Tejero y sus hombres. Ya lo hizo hace dos años cuando reunió en una agradable comida a los periodistas que cubrimos la información de esa noche y a los tres políticos que aún ocupan escaño en el Congreso: Alfonso Guerra, Juan Barranco y el propio Bono, a quién hay que agradecer su talante conciliador, y su sensibilidad para con los que ya no están y desempeñaron grandes servicios al país.

Lo llamativo es que hayan tenido que pasar 30 años para que los escaños del hemiciclo volviera a llenarse de caras tan conocidas como Landelino Lavilla, Felipe González, Miguel Roca, Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Nicolás Redondo, Martín Villa, Enrique Múgica, Carmela García Moreno, Carlos Solchaga, Ignacio Camuñas, Antonio Jímenez Blanco, Juan Colino, Francisco Laina, y tantos y tantos otros que no tendrán ya la oportunidad de volver a pasear por el salón de los pasos perdidos. Tal es el caso de Adolfo Suárez -para quién el tiempo y los recuerdos se han quedado estancado en su memoria-; el General Gutierrez Mellado -cuya dignidad quedó suficientemente demostrada cuando se enfrentó a Tejero y algunos de sus hombres que le zarandearon sin compasión-, o Leopoldo Calvo Sotelo, fallecido hace unos años, y cuyos nietos siguieron la sesión con la mayor atención pese a su corta edad.

La prueba de que la democracia española no corre peligro era la presencia en la tribuna de invitados, de los Jefes del Estado Mayor de los tres ejércitos y de la Guardia Civil, así como las palabras del Rey Juan Carlos cuando una periodista le preguntó cómo veía la situación de nuestro país: «Estamos mucho mejor que hace 30 años». Y es cierto, hoy serían impensables los ruidos de sable, el enfrentamiento a cara descubierta de los militares con el presidente del Gobierno, el malestar en los cuarteles, entre otras razones porque los militares hoy están donde deben, desempeñando labores humanitarias y de prevención, en países en conflicto, lo que nos da una enorme tranquilidad y nos produce un gran orgullo, porque es a la postre lo que nos permite a los españoles vivir en libertad y con libertad.

No se olvidó Bono de las críticas feroces que se le hicieron a Adolfo Suárez, durante sus años como Presidente del Gobierno, tanto por parte de un sector de la prensa como de sus propios compañeros de partido, lo que hizo que muchos de los ayer presentes se revolvieran incómodos en sus asientos, algo que no es de extrañar, ya que les obligó a enfrentarse a sus propios demonios, en una tarde que invitaba al sosiego, a la reconciliación, a la discrepancia sí pero no al hostigamiento. Palabras que escucharon con atención tanto Rajoy como Zapatero, que por primera vez en muchos años compartíeron escaño y buen rollito.

 

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