Barones periféricos se la juegan en sus territorios en pocos meses

¡Que salga ya, que el público se va! Los barones del PP piden a Rajoy que explique las reformas

Fuera del acogedor bunker de Génova, llueven chuzos de punta en las autonomías peperas

Quizá algún día de estos España rompa aguas, alguna matrona detecte claros sintomáticas de contracciones, cada vez más frecuentes, y los españoles puedan asistir por fin al parto de un Presidente del Gobierno. Una mayoría cualificada quiere ponerle de nombre Mariano y de apellido Rajoy, y está deseando comprobar si el embrión que ofrecía indicios de buena salud política en los diferentes controles ecográficos, sale al fin a la vida nacional sin defectos de fabricación.

Moncloa no acaba de dar a luz

Pero, por el momento, España sigue embarazada. El país ha salido de cuentas hace seis meses, pero la criatura que se fue gestando en la imaginación colectiva, en un proceso sociológico que confirmaban los «predictor» demoscópicos, se resiste a salir. Las urnas sólo fueron un parto psicológico, un espejismo, una cesárea electoral que se prolonga en exceso y pone en peligro la vida de España, el porvenir del Partido Popular y la vida de un Presidente.

Rajoy se encuentra cómodo, protegido, en la acogedora placenta del PP. Con el logo detrás y rodeado de adhesiones inquebrantables, de esas que pueden acabar siendo quebradizas, le lanza a la sociedad los mensajes que después reproduce en el Parlamento descafeinados, evita ante los micrófonos de los chicos de la prensa y se le escapan en indiscretos lapsos que recogen micros abiertos que parecían cerrados.

Este país necesita mucho más a su Presidente del Gobierno y mucho menos al Presidente del Partido popular. No puede encerrarse con los suyos en Sevilla, con la disculpa de una reunión de la Junta Directiva Nacional del PP, como el pasado lunes día 2 de julio de 2012, y lanzar una endogámica reflexión Kennedyana para que llegue a los españoles de segunda mano, a través de los circuitos mediáticos: «No os preguntéis lo que España puede hacer por los españoles, preguntaros lo que los españoles pueden hacer por España»

Pero, ¿qué puede hacer España por los españoles?

Sobre lo que España puede hacer por los españoles, se ha vuelto a poner el mono de reformas a domicilio y ha abierto cuatro nuevas rutas para intentar llegar a puerto seguro: la reforma energética, la reforma administrativa, la Unidad de Mercado y la reforma de organismos reguladores.

Cada una de ellas sugiere una cornada en la femoral del Gobierno y un nuevo tsunami a la anoréxica clase media. La primera huele, a bote pronto, a réquiem por la minería subvencionada; la segunda a rebelión de funcionarios en peligro de ser enviados al Vietnam del paro; la tercera a autonomías descafeinadas y oligarquía bancaria y la cuarta a una quimera voluntarista, un gesto para la galería, condenado a padecer la enfermedad política genuinamente española del cambio de cromos, del trapicheo de rastrillo entre el PP y el PSOE para ocupar chiringuitos reguladores.

Sin más explicaciones y con la traducción simultánea del núcleo duro de su partido, Rajoy no acaba de aparecer como un Presidente del Gobierno con un ataque repentino reformista, sino como un torero ante cuatro miuras, con más papeletas de sufrir una cornada que el propio José Tomás cuando empieza una nueva faena.

No está mal que Rajoy acepte, aunque sea entre los suyos, el único destino que le ha proporcionado una victorial electoral en tan nefastas y peculiares circunstancias: la inmolación por España. Pero, ya de hacerlo, teniendo en cuenta que tampoco tiene alternativas, ¿le cuesta tanto hacerlo como presidente de todos los españoles, con luz, taquígrafos, cámaras de televisión y cualquier método que le permita mirar cara a cara a los ciudadanos?

Ya de morir, políticamente hablando, caer en la plaza, frente al respetable, y no en la enfermería popular, a escondidas, buscando el consuelo de los pelotas que le gritan tas cada anuncio de cirugía a los españoles: ¡contigo hasta la muerte!

Los líos de Europa versus los líos de los españoles

Le ha quedado muy bien, muy decorativo, eso de que el Gobierno no lo puede hacer todo, pero está dispuesto a «hacer los máximo para que España dé los máximo de sí misma. Pero ¿lo máximo que puede hacer el gobierno español es ocuparse de los «líos» de Europa o queda un margen para ocuparse de los 47 millones de líos de los españoles?

Porque, al final, esa es la cuestión. Si cada vez que resuelve un lío en Europa aumenta el ratio de número de líos personales e intransferibles por español, ¡tenemos montado un gran lío, Sr. Presidente!

Todo esto hay que explicarlo entresemana y fuera del acogedor bunker del partido. Hay que abandonar la placenta popular, venir de una vez al mundo como genuino Presidente del Gobierno y no ir especulando por ahí hasta cada viernes, en los secretos Consejos de Ministros, para que los sábados de resaca tengan que mojar los españoles otro sapo en su café con leche.

O por la puerta grande o directamente a la enfermería

Allá Rajoy si quiere seguir sobrevolando España a lomos de su gaviota, como Atreyu sobrevolaba el mundo a lomos del dragón Fújur en La Historia Interminable. Más tarde o más temprano, hay que poner los pies sobre la tierra. Hacerse mayor de edad políticamente hablando.

Dejar de ser un chico de los recados de Bruselas, eliminar la táctica del catenaccio popular y salir al mundo, a la vida, a España, montera en mano, capote en ristre, a brindar el toro de la crisis a todos los españoles como su electo y genuino Presidente del Gobierno.

Ya se sabe como suelen acabar estas cosas: o sales por la puerta grande o te llevan en volandas a la enfermería. La cuadrilla popular, las Sorayas, las Cospedales, los Alonsos, los Floriano, que se juegan su cocido a medio plazo, o sea, con tres años y medio por delante, prefieren que el maestro no se arrime excesivamente al morlaco, incluso que dé alguna que otra espantada a lo Curro Romero.

Pero hay barones periféricos que se la juegan en sus territorios de aquí a pocos meses, Basagoitis, Feijóos, que se desesperan con un Presidente afectado por la parálisis presupuestaria, obsesionado con el estado de salud del sistema financiero y resignado a negarles el pan y la sal a los ciudadanos, a la gente corriente, con millones de vidas detenidas ya en las cunetas y millones de marcadores de combustible en la reserva.

¡Que salga ya, que el público se va!

Tras sus viacrucis por Europa y por el mundo y seis meses contemplando los toros tras la barrera Popular, Rajoy ya no puede seguir anunciándole cada día a los españoles lo que pueden hacer por España (fundamentalmente por su banca, su déficit y su deuda)

Resuena los tambores de guerra en la selva humana, caduca la euforia efímera de la Eurocopa y se escucha ya el murmullo de la masa exigiéndole al presunto presidente de su presunto gobierno ¡que salga ya, que el público se va!

Que salga ahí, a defender el pan y la alegría, a empezar explicar a los ciudadanos lo que España puede hacer por los españoles. Que salga ahí para que los parados, los desesperados, los desamparados, los desahuciados, sepan que esa boca es suya.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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