Está arrepentido de la bicefalia, del sistema mixto de juego con la economía por un lado y Hacienda por otro
Sus hombres y mujeres más leales pueden decir misa, susurrarle off the records a sus Bernstein y Woodward de confianza para que expandan después el secreto a los cuatro vientos mediáticos: «El Presidente está mucho más sereno de lo que reproducen los medios».
Pero hay una razón subjetiva que le impide creerse ese diagnóstico a quienes lo conocen: «Rajoy puede ser muchas cosas, pero tiene la cabeza bien amueblada». Y, como en el entorno de cualquier presidente en apuros, en situación de emergencia, siempre hay un «Garganta Profunda» caritativo que va soplando síntomas, describiendo escenas, incurriendo en indiscreciones que permiten aproximarse a un diagnóstico.
El Presidente estaba preparado para un otoño caliente. Intentó retrasar el mayor tiempo posible la nueva y traumática operación de reducción del déficit, pero Europa, a puerta cerrada, sin luz ni taquígrafos, le ofreció dos fórmulas para suicidarse políticamente: la tijera inexorable o el rescate puro y duro, sin eufemismos de naturaleza financiera.
Retrato apócrifo, inédito y reciente de un Presidente
Rajoy no es un irresponsable, ni un frívolo, ni un político de esos al uso que anteponen el morbo que les produce La Moncloa al morbo que le produce España.
Ha elegido la tijera, la rebelión de las masas en las calles, el agosto más caliente que va a vivir un Presidente desde que se reinstauró la democracia en España, convencido de que es la única oportunidad que le queda al país para evitar las irreversibles arenas movedizas del rescate.
«Sólo escuchar esa palabra, créame usted, Mariano se derrumba como las torres gemelas de Nueva York»
El despacho del Presidente lleva meses invadido por el humo de un puro tras otro, con problemas físicos de visibilidad, como Londres cuando le invade el «puré de guisantes» Él, ni siquiera se da cuenta, bromea con nuestros aspavientos y rememora la niebla baja y cerrada galaica de su adolescencia, de su juventud, que nunca le impidió marcar un rumbo certero a ojo, a oído y a olfato.
Esperaba mucho más de este gobierno de deslumbrantes currículos. ¡Me he equivocado en la alineación!, ¡me he equivocado en la alineación…!, se reprocha susurrando en dirección al vacío, como quizá estaría haciendo ahora Del Bosque si no llega a salirle bien su apuesta por el falso nueve.
Su Fernando Torres era Montoro, al que había recurrido como killer en el área para rematar políticamente balones económico-financieros. Pero tiene la pólvora quemada. Ni siquiera le mete un gol a un «coladero», un guardameta lesionado por la historia, como Rubalcaba.
Y su Cesc, su nueve falso, era De Guindos, que ha jugado en ligas extranjeras, pero es incapaz de deshacerse del férreo marcaje de Bruselas o encontrar un hueco entre el «catenaccio» de Draghi en el BCE con Ángela Merkel de escoba, emulando al káiser Beckenbauer.
Está arrepentido de la bicefalia, del sistema mixto de juego con la economía por un lado y Hacienda por otro. Estaba convencido de que el doble pivote Guindos-Montoro le iba a funcionar como un reloj suizo, a imagen y semejanza del dúo Xabi Alonso-Busquet. Pero en política, como en fútbol, todo se mide por resultados. Y más en estos convulsos tiempos en los que cada partido te puede dejar eliminado.
Ahora, prepárese usted para el bombazo: el Presidente ha empezado a pasearse con una margarita en la mano por los corredores de La Moncloa, donde recita esa parte tópica de monólogo de Hamlet: ¿ser o no ser? No se refiere a él, no sea usted mal pensado. Se está refiriendo a España.
Algunos creemos que se va a decidir a deshojarla en agosto, alguno de esos días libres. Y que quizá llegue negro.
Pero no creemos que como consecuencia del sol galaico, sino como resultado de haber tomado una sublime decisión: crear una vicepresidencia económica ocupada por un peso pesado que sirva para un roto y para un descosido, para exponer asuntos económicos con criterios políticos y asuntos políticos con criterios económicos. ¿Me han entendido usted?
Por eso Rajoy se va a llevar la margarita a su retiro de verano. Necesita un alter ego, un Vice, un Lanzarote que maneje bien la espada, que la tenga afilada, con estrategia en el combate, capaz de ajustar al mismo tiempo cuentas y cuentos en los campos de batalla del Estado.
En Sanxenxo, a mes y medio de que arranque uno de los otoños más calientes de las últimas décadas, es posible que El Presidente se decida a «tunear» su Gobierno….
Garganta profunda da por finalizado su monólogo. No admite preguntas. Se recoloca la toalla de playa en el hombro, hace un gesto a modo de despedida y gira sobre sí mismo, echa andar y se va alejando en dirección a una playa recóndita, desierta, como si quisiera abstraerse del ruido y las muchedumbres que han tomado las calles de una España urbana que, según él, «embiste contra el gigante Popular y no acepta que el enemigo son molinos de viento de la Europa de los mercados y los mercaderes»




