Baja la prima con Merkel, Hollande y Rajoy de vacaciones

Si en vez de acortar sus vacaciones las alargasen, saldríamos antes de la crisis

¿Es posible que el silencio de los líderes políticos cotice en Bolsa?

Nunca, como este verano de 2012, se han echado tanto de menos los tiempos felices en los que los políticos formaban parte de la solución en vez de formar parte del problema. Con Merkel perdida en el Tirol italiano, Hollande desaparecido en la residencia oficial del Fuerte de Brégançon en la Costa Azul, Cameron de incógnito en las Baleares o Mariano Rajoy haciendo mutis por el foro entre Sanxenxo y Doñana, la «prima de riesgo» descendió hasta los 465 puntos básicos, subió el IBEX 35 y se relajaron los intereses de emisión de deuda en casi un punto y medio.

Habrá sido mera casualidad. Pero también es posible que sea el síntoma de la nueva enfermedad que padece Occidente. Durante quince días que parecía que podían cambiar el mundo, coincidiendo con los carteles de «cerrado por vacaciones» colgados en los distintos y distantes Olimpos europeos, los implacables mercados concedieron una tregua. Italianos y españoles, dos nuevas especies en peligro de extinción, incluso llegaron a preguntarse en algún paréntesis de sus vacaciones low cost.

Estas cosas ponen de los nervios a los cientos de miles de señoras y señores que viven de la política. Sobre todo, al casi medio millón de españolas y españoles que quieren mantenerse en nómina por los siglos de las siglas, es que les entra talmente un sarpullido en cuanto alguien reclama un ERE político.

E inmediatamente sacan a relucir la Democracia para ahuyentar a los malos espíritus, como Van Helsing ahuyentaba al Conde Drácula de Stoker desenfundando un crucifijo.

Esta perversa invocación a la democracia cada vez que se reclama una catarsis política, con la correspondiente purga de mediocres, de garrapatas, de pegasellos, de aprietabotones, de familiares, de amiguísimos, de adheridos inquebrantables, de sumisos vitalicios, cuenta siempre con la inestimable colaboración de politólogos, catedráticos, editorialistas y gurús mediáticos (a comisión directa o indirecta), dispuestos a perseguir la herejía y resucitar la Inquisición sociológica.

Y, sin embargo, los políticos, estos políticos, son en la actualidad el problema. Se han ido de vacaciones y la salud de España, de Italia, de Europa, ha experimentado una ligera mejoría. Han guardado un par de semanas de silencio y los mercados han concedido una tregua.

Luego, en cuanto han regresado de sus respectivos Castel Gandolfos y han empezado a largar por esa boca en Berlín, en París, en Madrid, el enfermo ha sufrido una recaída. ¿Se han parado a pensar en la posibilidad de que lo que produzca más desconfianza en los mercados sean los políticos, estos políticos?

MORALEJA.- Estos señores y señoras calladitos están más guapos. Si en vez de acortar sus vacaciones las alargasen, quizá saldríamos antes de la crisis.

Cada Consejo Europeo que montan para seguir mareando la perdiz, Europa queda un poco peor que el Consejo anterior pero un poco mejor que el Consejo siguiente. No es de extrañar que los españoles mantengan los dedos cruzados ante la nueva eurocumbre anunciada para el próximo 19 de octubre.

Antes, Rajoy le va a hacer una estéril escena del sofá a Merkel, a imagen y semejanza del Tenorio a Doña Inés:

«Llamé a Europa y no me oyó. Más si sus puertas se cierran, de mis actos en España responda Europa, no yo»

Y el 10 de septiembre soltará un sermón de la montaña en TVE, bienaventuranzas a largo plazo ante seis millones de parados, 116 mil familias desahuciadas, 11millones y medio de españoles caminando por la delgada línea roja de la pobreza, un 22% de hogares con vistas a la exclusión social. De los 84 millones de pobres cuyas voces claman en el desierto de Europa, 11 de cada cien son españoles. En esa cuestión España es medalla de bronce: la de plata y la de oro se las reparten Rumanía y Letonia.

¿Ha hablado de eso Rajoy con Van Rompuy, con Hollande, se lo va a describir a Merkel, va a exigir que entre en el orden del día del Consejo de Europa del 19 de octubre? Porque además de la austeridad, de los recortes, de las medidas para el crecimiento, de los antídotos contra la voracidad de los mercados, del papel del BCE, de la salud del Euro y de todas esas cosas importantes, Europa seguirá sin tener ningún sentido si no se habla de lo urgente: del paro, de las personas, de la desesperación, del hambre, del instinto suicida que ha entrado en erupción en tantos anónimos seres humanos que han perdido la esperanza.

HEREJÍA.- Ni era el sol el que giraba alrededor de la tierra, ni puede ser el hombre el que gire alrededor de los reyezuelos soles de la democracia. Lo peor de la crisis es que ha dejado en evidencia gobiernos del pueblo, para el pueblo, pero sin el pueblo.

Que la Europa Oficial, endeudada hasta las cejas y sometida a sus acreedores, ha tomado el atajo del despotismo ilustrado. ¿De verdad las Merkel, los Hollande, los Cameron, los Rajoy, no se dan cuenta de que están organizando, por acción u omisión, un nuevo, masivo y vergonzoso holocausto? Cada vez que hablan, que negocian, que recortan, que adoctrinan, huele más a razas superiores e inferiores, a exterminio sociológico, a «soluciones finales».

Pero lo mismo que la historia acabó demostrando que la tierra giraba alrededor del sol, acabará.

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Autor

Luis Balcarce

De 2007 a 2021 fue Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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