Llueven críticas a Mayor Oreja por su táctica para camelarse a Rajoy

El retiro monacal que se ha autoimpuesto el eurodiputado, quien ni siquiera se ha pronunciado sobre el acto de Durango, huele a chamusquina, a decir de no pocos populares

Llueven críticas a Mayor Oreja por su táctica para camelarse a Rajoy
Mayor Oreja. MO

Vuelta al cole… para casi todos. Por ejemplo, estos días el Congreso ha sido un erial. Los diputados siguen, pese a que el tiempo de cavas y turrones ha pasado, sin pisar el edificio de la Carrera de San Jerónimo: están de asueto.

Contra lo que pudiera creerse, las denominadas vacaciones parlamentarias no son un capricho de los 350 diputados: lo recoge la Constitución -ni más ni menos- en su artículo 73.

Es cierto que los periodos ordinarios de sesiones de la Cámara Baja siempre pueden alterarse. Eso sí, hace falta voluntad política por parte del Gobierno, de la Diputación Permanente o de la mayoría absoluta de los diputados. Es decir, seamos claros: en esta legislatura de que el PP quiera.

Pues bien, esa voluntad para alterar el periodo ordinario de sesiones la ha hecho realidad Jesús Posada. Quien ha mostrado reflejos convocando un Pleno los días 22 y 23, además de una Diputación Permanente la próxima semana. Y reserva otra sorpresa a los diputados: otra Diputación Permanente y un Pleno más antes de finalizar enero.

Posada, al igual que renuncia al coche oficial cada vez que tiene ocasión o frecuenta para desayunar una cafetería cercana a la Cámara Baja, es de esos políticos que saben pisar la calle. No es mala cosa.

Con la que arrecia sobre el país, era difícil de entender que sus señorías se hubieran marchado del hemiciclo el pasado 19 de diciembre y no volviesen hasta febrero. La medida adoptada por el presidente del Congreso corta de raíz, a modo preventivo, un debate muy pernicioso para la clase política en general que sin duda iba a crecer estos días.

Ya se sabe, la política es el arte de hacer lo posible. Quizá por eso algunos se preocupan más de parecer que de ser. Cosas también de las democracias de audiencias.

Fíjense si no en el retiro monacal de Jaime Mayor Oreja. ¿Ha escuchado alguien en estos días al ex ministro de Interior de la etapa Aznar? En Génova 13 este miércoles se destacaba en pasillos lo escandaloso de algunos silencios. Y no sólo se referían al tema del aborto.

Porque, claro, no escuchar ni media palabra a Mayor Oreja tras el aquelarre de asesinos etarras en el matadero de Durango del pasado fin de semana… ha sido muy estentóreo.

En fin, que nadie sea mal pensado. Los principios siempre son los principios. Y por algún sitio hay que empezar. Por supuesto. ¿Cómo puede creer alguien que la afonía del popular vasco tiene que ver con que Mariano Rajoy siga reflexionando sobre la lista del PP al Europarlamento? Sólo faltaría.

Y hablando de silencios. Lo que no ha dejado indiferente a nadie es la abrupta reaparición pública del jefe del Estado. La Pascua Militar este año se le ha venido encima a Don Juan Carlos.

Curiosa, desde luego, la versión oficial de La Zarzuela a los balbuceos regios. Culpar de los errores del monarca al leer unas pocas frases a la escasa iluminación del atril es salir del paso insistiendo en el mismo error que siempre se comete desde Palacio: creer que los españoles se chupan el dedo.

La Casa del Rey afronta un verdadero quebradero de cabeza, mucho más importante que la precipitación por reaparecer del Rey, la iluminación, los errores al colocar un papel en un atril o la vanidad de Su Majestad a la hora de no querer usar gafas en público.

El vaso de la paciencia con el Rey ha rebosado. La opinión pública mutó. Lo que durante años fueron mieles se tornan, cada vez más, en espinas. No hay portada de Hola que pueda arreglar esto. El aire de cambio en La Zarzuela está en el país. Y el cambio es un sentimiento imparable.

El juancarlismo, junto con Don Juan Carlos, se ha hecho muy mayor: demasiado para los gustos de una época que avanza a paso digital. Lo único que le queda ahora al régimen es no cometer el error de hacer que el felipismo se haga viejo sin estrenarse.

«Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar». Ejemplos en Europa de por dónde caminan las tendencias reales no deberían faltarle a la Monarquía patria.

De momento, Don Felipe se ha afeitado la suya.

 

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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