AL RESCATE, COMO SIEMPRE

La hábil maniobra de la ‘artificiera’ Soraya desactiva la bomba del 9N

El mensaje que el ministro de Justicia envió a Artur Mas este jueves anticipa lo que ocurrirá el domingo: él se quitará de en medio y todos ganan. Ahora bien, el día después es otra cuestión

La hábil maniobra de la 'artificiera' Soraya desactiva la bomba del 9N
Soraya Sáenz de Santamaría y Mariano Rajoy. EFE

Como en el chiste del paciente que, agarrando las partes nobles del dentista le pregunta aquello de «¿no nos haremos daño, verdad?», el Gobierno también tiene cogido a Artur Mas por los -perdón por adelantado- cojons.

El mensaje que públicamente mandó este jueves el ministro de Justicia al presidente de la Generalitat anticipa lo que ocurrirá el domingo: que, como en la Diada, aparentemente será la sociedad civil la que empuñe las urnas. Si es que la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural pueden considerarse tal y no meros apéndices del Govern.

Exactamente afirmó Rafael Catalá que si la Generalitat de Cataluña no interviene en el desarrollo de una consulta por dos veces suspendida por el Tribunal Constitucional, no habrá motivo para acudir a la Fiscalía y a la Justicia porque no habrá «infracción». Y aquí paz y después gloria.

En otras palabras. El Gobierno de Mariano Rajoy, como su equipo reconoce en voz baja, cruza los dedos para que Artur Mas no dé ningún paso el 9-N y así no verse obligado a responder a su desafío al Estado de Derecho en los tribunales.

No en vano, sabe el Ejecutivo que ello sería pegamento para el frente independentista, fragmentado desde que el líder de CiU se sacó de la manga un «proceso de participación ciudadana» de chicha y nabo tras el primer pronunciamiento del Constitucional.

Pero no sólo a Rajoy le conviene. También a Mas. A 600 kilómetros, el presidente catalán suspira a esta hora de alivio porque La Moncloa le ha abierto una puerta cuando se encontraba dando vueltas en un laberinto. Y que sean Carme Forcadell -ANC- y Muriel Casals -Ómnium- las que lleven la voz cantante, que la Generalitat ya se ocupará de los coros.

El planteamiento parece sencillo porque así Gobierno y Govern no se hacen daño, volviendo al chiste. Pero para llegar a él han hecho falta sesudos análisis y no poco debate en el seno del Gobierno sobre cómo desactivar la bomba del 9-N. Como casi siempre, Rajoy encomendó el reto a la artificiera mayor del Reino, Soraya Sáenz de Santamaría. Y por lo que se ve va camino de evitar la explosión, asesorada por los servicios jurídicos del Estado.

Ahora bien. ¿Cómo gestionar el día después? Porque indudablemente cientos de miles de catalanes votarán, y el resultado está cantado. ¿Tenderá la mano a Mas? Todo está aún por decidir, incluido cómo y cuándo será la primera aparición de Rajoy.

Se espera que, durante el acto de partido que el presidente tiene el sábado en Cáceres, haga alguna alusión al 9-N. A partir de ahí, sobre la marcha. Prefiere esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. A día de hoy no tiene prevista ninguna aparición pública el domingo, ni tampoco el lunes. Pero eso puede cambiar en un santiamén. O no, si finalmente optara por oír, ver y callar.

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