EL GOBIERNO AGUANTA LOS INSULTOS DE MADURO

Venezuela adeuda 300 millones de dólares a las aerolíneas españolas

La Ley de divisas dificulta repatriar los beneficios en euros

Venezuela adeuda 300 millones de dólares a las aerolíneas españolas
El chavista Maduro. VZ

Lejos de arredrarse ante los ataques del gobierno de Venezuela, Felipe González mantiene el pulso a Maduro y asegura que viajará a Caracas (del 17 al 20 de mayo 2015) para defender a los opositores encarcelados Leopoldo López y Antonio Ledezma.

Aunque el expresidente español no tenga casi opciones de lograrlo -el fiscal general venezolano avisó el domingo que la las leyes no lo permiten-, el efecto político y propagandístico es extraordinario.

A González no parece inquietarle la categoría de persona ‘non grata’ con la que el gobierno venezolano le calificó la semana pasada. Ser expresidente otorga mayor capacidad de movimiento, y esa ventaja la está aprovechando Felipe para denunciar -en deshonrosa comparación con el silencio cómplice de Zapatero- el trato antidemocrático que recibe la oposición del país sudamericano.

Claro que puestos a elegir entre ambos expresidentes en el Gobierno respiran aliviados porque sea González y no Zapatero el que haya dado un paso al frente. La herencia en política exterior del último inquilino socialista en la Moncloa invita a pensar que su inacción es lo mejor que le podía pasar a España.

Exteriores recuerda la visita que -sin conocimiento de Madrid- Zapatero y Moratinos realizaron a Raúl Castro en La Habana hace dos meses. Las deslealtades no se olvidan.

No es que Felipe y Rajoy se hayan convertido de repente en estrechos colaboradores, pero al menos hay sintonía y coherencia en defender los intereses de España en el extranjero. El actual presidente del Gobierno agradece el apoyo de González frente al gobierno de Maduro, pero las circunstancias le hacen someterse a la ‘realpolitik’ cuando se trata de un país con el que hay muchas cosas en juego.

200.000 españoles viven en el país sudamericano

En primer lugar, pesan y mucho los inevitables lazos históricos. La colonia española en Venezuela supera los 200.000 habitantes y España tiene un gran interés, que asume casi como misión histórica, en ser la voz de Iberoamérica ante Europa. Por esta razón siempre ha tratado de evitar cualquier conflicto diplomático.

Con Venezuela incluso se tiene especial paciencia en tanto que los insultos y agravios del presidente Nicolás Maduro no son nuevos, sino la vieja estrategia que usaba Hugo Chávez para desviar los problemas internos del país.

Hay que aguantar, pero todo tiene un límite. Los recientes ataques de Maduro a Rajoy («Corrupto, ladrón y racista») y a las instituciones españolas («Las cortes españolas que vayan a opinar sobre su madre») propiciaron la reacción del ministro de Exteriores García-Margallo, que pidió respeto y llamó a consultas la semana pasada al embajador de España en Caracas, Antonio Pérez Hernández.

El diplomático, que viajó a Madrid, ya está de vuelta en Venezuela. La acción de llamar a consultas está un punto por debajo de romper las relaciones diplomáticas.
Maduro incluso ha llegado a denunciar una conspiración internacional liderada por Rajoy para derrocar a su gobierno como antaño hacía Chávez con Aznar.

En realidad nada de esto es casual. El régimen chavista sabe que necesita una coartada en el exterior para mantener la unidad de la cada vez más polarizada sociedad venezolana. Además que Estados Unidos se haya acercado a Cuba incomoda mucho a Caracas, que ya no puede seguir atizando a su enemigo favorito. ¿La nueva bestia negra? España.

Venezuela adeuda 300 millones de dólares a las aerolíneas españolas

El segundo motivo por el que el Gobierno desea suavizar las cosas se debe a la importante presencia empresarial española en Venezuela. En total operan 5.300 compañías españolas, de las que 106 cuentan con inversiones y filiales. Nuestras empresas tienen graves problemas de retrasos en los cobros, dificultades para conseguir divisas y falta de autorización para repatriar dividendos.

Las compañías aéreas españolas en Venezuela -la más importante es Iberia- tienen una deuda acumulada pendiente de cobrar por valor de 300 millones de dólares, procedentes de la venta de billetes. La Ley de divisas dificulta repatriar los beneficios convirtiéndolos en euros, algo que les hace perder mucho dinero.

Sobre la situación interna, la economía venezolana sigue en caída libre: el FMI prevé una caída del 7% del PIB durante este año y la inflación superará el 100% (68,5% en 2014). El desplome de los precios del petróleo ha agravado la situación, profundizando la escasez de divisas e incrementado el riesgo de ‘default’.

Los datos y las previsiones son tremendamente negativas para Maduro, que en esas circunstancias tratará más que nunca de agitar el peligro del «imperialismo internacional».

Curiosamente su popularidad aumenta cuando adopta este papel victimista. Lo hizo justo antes de la Cumbre de las Américas de Panamá (9-11 de abril) cuando fueron sancionados altos cargos de su gobierno, y lo ha hecho ahora después de atizar con dureza al gobierno español.

Lo que parece claro es que 2015 va a ser un año clave para Venezuela. En otoño se celebrarán las elecciones legislativas, con resultado incierto. Las dificultades económicas impiden que el Gobierno recurra al gasto público para mejorar sus perspectivas. En este contexto, toda la oposición -a diferencia de 2014- está llamando a la movilización contra el Gobierno. Además, es el último año antes de que se pueda plantear un referéndum revocatorio contra Maduro.

La situación es muy preocupante y su evolución parece impredecible. Son muchos los escenarios que podrían darse durante el año en curso, desde una salida más o menos ordenada del presidente Maduro del poder hasta un grave conflicto social o incluso un golpe de estado interno.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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