La crisis provocada por el nacionalismo catalán no se acaba con la aplicación del artículo 155 de la Constitución

Españoles: es la hora de España

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Españoles: es la hora de España
España y la bandera española. PD

El impulso que ha tomado la conciencia nacional española es, sin duda, el gran acontecimiento que se alza entre tanta destrucción moral del separatismo

LA agresión separatista en Cataluña está produciendo el beneficio de reencontrar a los españoles con su sentimiento patriótico.

La absurda asimilación de la bandera y del himno nacionales al régimen franquista ha hecho mucho daño a la unidad de los españoles en torno a sus símbolos, cuya exhibición quedaba reservada a los éxitos de la selección de fútbol.

Fuera de este contexto, España ha tenido miedo a identificarse como nación, oscilando entre el negacionismo de los separatistas y la extrema izquierda, por un lado, y el patrioterismo inútil, por otro, quedando en medio quienes hacían equilibrios para que su españolidad no fuera tachada de facciosa.

La puesta de la unidad nacional en peligro y el discurso de Felipe VI contra el secesionismo catalán han catalizado la expresión pública de una auténtica identidad política, no de un mero sentimiento silenciado.

Por fin, la bandera, el himno y la Constitución son percibidos por la inmensa mayoría de los ciudadanos como los signos de la España actual, moderna, democrática y unida. Pero también heredera de una historia común sin la cual España no sería la gran nación que es hoy.

Una historia común que mueve al orgullo no por haber sido siempre pacífica y ejemplar, sino precisamente, porque pese a que no lo fue, ha desembocado en una democracia europea que no pierde en la comparación con ninguna de las más arraigadas en Occidente.

Tanto despreciar la España «castellana», inculta y atrasada, los separatistas catalanes han conseguido que los españoles se perciban como lo que son, ciudadanos europeos titulares del mejor de los sistemas de libertades y derechos individuales, miembros de un Estado perfectible pero social y de Derecho, dueños de una democracia sobre la que se ha construido el más largo período de paz y prosperidad que ha conocido la Historia de España.

Nuestra gratitud al separatismo catalán se hace aún más sincera porque el futuro inmediato de España gana en seguridad gracias a este renacimiento nacional que ha propiciado.

Si se ha de debatir una reforma de la Constitución, si en algún momento los españoles son de nuevo convocados a una iniciativa constituyente, mejor que se haga contando con una sociedad más auténtica y sincera en su expresión nacional y, sobre todo, más unida, de derecha a izquierda, en torno a una idea de España liberada de las banderías y sectarismos del pasado.

El patriotismo es el más virtuoso de los sentimientos políticos, porque ni agrede ni excluye. Es el que convoca a los catalanes a quedarse con el resto de los españoles, mientras el nacionalismo los empuja al enfrentamiento

. El impulso que ha tomado la conciencia nacional española es, sin duda, el gran acontecimiento que se alza entre tanta destrucción moral del separatismo.

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