La ministra hace un anuncio que no sabe explicar a preguntas de los periodistas

El caótico debut de Isabel Celaá: la portavoz del Gobierno Sánchez que acabó ‘asada’ por su propia confusión

El lapsus de Celaá es una confesión de parte que anticipa futuras decisiones que van a contradecir el difícil consenso logrado sobre la cuestión separatista en Cataluña

El caótico debut de Isabel Celaá: la portavoz del Gobierno Sánchez que acabó 'asada' por su propia confusión
La portavoz del Gobierno Sánchez, Isabel Celaá, durante la rueda de prensa posterior la reunión del Consejo de Ministros. EF

EL primer «Consejo de Ministras y Ministros» presidido por Pedro Sánchez dio poco de sí, unos cuantos nombramientos y una rueda de prensa en la que la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, osciló entre la propaganda y la confusión, algo explicable por la novedad del cargo y, sobre todo, por la ausencia total de contenidos políticos.

Lo de Celaá ha sido d eaurora boreal. Con esas palabras se estrenó este 8 de junio de 2018 como portavoz del Gobierno:

«Espero que todos y todas sean ustedes lo suficientemente comprensivos e incluso bondadosos conmigo. Tengan ustedes mucha diligencia porque es mi primer día. Me estreno y ustedes, claro, son unos expertos de la comunicación, o sea que si no son diligentes conmigo, me podrían asar. Pero yo espero que no sea ese el caso».

Pues asada quedó y con ella su flam,ante Gobierno socialista  (Sánchez asoma la patita y comienza a pagar las facturas secretas que firmó con proetarras y golpistas)

No era esto lo que se esperaba del primer gobierno de izquierda desde diciembre de 2011. Se hizo patente la falta de un programa de acción política, de esos que alumbran decisiones de impacto en la primera reunión del Consejo de Ministros y con los que se visualiza la voluntad de cambio de un Gobierno nacido de una moción de censura.

Es pronto, sin duda, para sacar conclusiones sobre el rumbo del equipo ministerial de Pedro Sánchez, pero la presentación no ha sido la mejor de las posibles.

La intervención de Celaá incidió en mensajes propios del gabinete de comunicación del PSOE: vuelta a las instituciones europeas, apuesta por el diálogo, normalización institucional del país.

Descripción de un país que no es España, pero necesaria para el tono mesiánico de la rueda de prensa, que ha resultado excesivo, más aún porque no ha ido acompañado por medidas políticas coherentes.

Si el Gobierno no utiliza sus propios recursos, menos éxito tendrán sus iniciativas en un Parlamento donde tiene 84 de 350 escaños. Un ejemplo de ese primer tropiezo político del Gobierno fue el anuncio del supuesto levantamiento del control de las cuentas de la Generalitat.

Celaá lo presentó como «un gesto de normalización política», cuando realmente ya fue asumido por el PSOE y el Gobierno de Mariano Rajoy como consecuencia del cese de las medidas aprobadas al amparo del artículo 155 de la Constitución.

La intervención de pagos por cuenta de la Generalitat fue acordada en septiembre del pasado año y es bien distinta del control mensual que ejerce el Ministerio de Hacienda sobre la actividad económica del Gobierno catalán y que se mantiene vigente. Le faltó precisión a Celaá a la hora de saber de qué estaba hablando.

Lo que resulta más preocupante es que el Gobierno presentara el alzamiento de la intervención de los pagos de la Generalitat como «un gesto de normalización política», porque desvela la voluntad de Pedro Sánchez de hacer concesiones al nacionalismo.

Habría que recordar que los dirigentes nacionalistas han recibido al Gobierno de Sánchez pidiendo el reconocimiento del derecho de autodeterminación y anunciando su voluntad, según Elsa Artadi, de aprovechar «las debilidades del Estado».

El lapsus de Celaá es una confesión de parte que anticipa futuras decisiones que van a contradecir el difícil consenso que logró Mariano Rajoy con Pedro Sánchez sobre la cuestión separatista en Cataluña.

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