LOS AMIGOS, SOCIOS Y COMINCHES DEL PSOE

La metamorfosis de Sánchez: el líder del PSOE pasa de condenar el chavismo de Podemos a ponerse a las órdenes de Maduro

Cierto que el personaje se alistaría como jefe de centuria si retornase la falange y sería comisario en la cheka si triunfará el comunismo, pero no deja de ser llamativa la metamorfosis de Pedro Sánchez en lo que a Venezuela, el chavismo y las libertades se refiere.

En esta hedionda travesía le acompañan encantados los dirigentes del PSOE, alguno de los cuales como la vicepresidenta Carmen Calvo ha llegado a declarar que a nadie en España le importa lo que pasa en Venezuela y que los derechos humanos allí no nos dan de comer, pero la triste realidad es que el principal líder socialista recorre el camino encantado, ignorando lo que proclamaba a la puerta del Congreso y con Lilian Tintori a su vera,  hace pocos meses y con una desfachatez de proporciones siderales.

El mensaje que el Gobierno social-comunista repite sin cesar es que su postura sobre la crisis de Venezuela es exactamente la misma que hace un año, pero la solución, no.

El tremendo bandazo dado por el Ejecutivo tendrá su efecto en la posición de la Unión Europea, que hasta ahora siempre había mirado hacia España a la búsqueda de cierto liderazgo.

Nuestro país siempre ha presumido de ser el interlocutor principal y aspirado a ser el nexo principal por el que pasen todas las decisiones respecto a América Latina.

Es el socio que mejor la conoce, el que más contactos e intereses tiene, un legado histórico, un idioma común con la mayoría de los vecinos.

Pero una cosa es desearlo y otra serlo, y una quererlo y otra de verdad buscarlo.

Durante bastante tiempo, el impulso de Mariano Rajoy fue clave para articular las sanciones económicas al régimen del sátrapa Nicolás Maduro.

No a Venezuela, porque se buscaron únicamente castigos específicos contra sus dirigentes, con prohibición de entrar o transitar por la UE, embargo de bienes o un veto al comercio de todo tipo de material que pueda ser usado para la represión.

De ahí la lista en la que está la narcochavista Delcy Rodríguez junto a otros jerarcas bolivarianos.

CAMBIO DE CHAQUETA

En octubre de 2018, apenas unos meses después de llegar al poder el PSOE, el ahora alto representante para la Política Exterior y entonces ministro de Exteriores, Josep Borrell, acudió a Bruselas con un giro importantísimo.

España, de golpe, dejaba de apostar por las sanciones y planteaba hacerlo por el diálogo.

No abogaba por retirar las existentes, pero sí frenó cualquier posibilidad de que hubiera otras adicionales.

Mantenía el mensaje de respeto a los derechos humanos, pero introducía la necesidad de un diálogo político y de respaldar el Grupo de Contacto, en sintonía con lo que deja caer Zapatero, de quien no se sabe si cobra y cuánto de los verdugos chavistas.

Era un giro notable, pues apenas unos meses antes, en enero primero y en junio después, tan sólo unos días antes de la moción de censura, se habían incluido en la lista negra nuevos nombres.

Y el sentir general era que, ante el bloqueo, debía aumentar la presión.

EL PRESIDENTE GUAIDÓ

Después llegaron más dudas. La cautela con el reconocimiento de Juan Guaidó, que hizo que otros países tomaran la posición de cabeza en la UE, como en las crisis de Bolivia o Nicaragua.

El Gobierno quiso anunciar el reconocimiento acompañado de Reino Unido, Francia o Alemania, entre otros.

El Parlamento Europeo ya lo había hecho, pero en Madrid, con la timidez habitual y la obsesión por el consenso y la posición constructiva, no querían ir solos bajo ningún concepto, y eso hizo que otros líderes resultaran mucho más contundentes.

Más chocante para muchos de sus colegas fue el hecho de que, hace apenas unas semanas, Sánchez se negara a recibir al propio Guaidó, dejando en manos de la ministra de Exteriores el recibimiento que en París o Londres había correspondiendo a Boris Johnson o Emmanuel Macron.

Y en Washington al propio Donald Trump.

CAMBIO DE POSICIÓN

Lo que tratan de explicar desde La Moncloa, provoca vergüenza ajena:

«Entendemos que se ha creado una sensación de que España ha cambiado su posición sobre Venezuela, pero no es así. Nosotros tenemos 300.000 venezolanos y hay 300.000 españoles en Venezuela; Leopoldo López está en la embajada de Caracas desde hace un año. Estamos haciendo cosas que no salen en los periódicos. Con esta polémica contribuimos a enconar más que a ayudar a resolver. Que Macron o Mark Rutte se hagan una foto con Guaidó parece estupendo, pero la que tiene 300.000 venezolanos y saca a ciudadanos del país y da salvoconductos es España».

El último bandazo es el cambio de título para Guaidó.

No hay posición única en la UE sobre el reconocimiento porque hasta tres países han sido reacios, por diferentes motivos.

Por eso, la fórmula que están usando muchos es expresar su apoyo incondicional a «la Asamblea Nacional, como el único órgano democráticamente elegido de Venezuela, y a Juan Guaidó como su presidente legítimo».

No lo llaman presidente del país, pero sí presidente encargado hasta las elecciones.

Y lo reciben con honores de jefe de Gobierno, una forma lo suficientemente ambigua pero también clara para las cancillerías europeas.

LA PRESIÓN DE PODEMOS

El nuevo giro, ahondando en la senda marcada en octubre de 2018, deja a España en muy mal lugar

El objetivo entonces era un compromiso político, pero también ideológico, con el que se buscaba aliviar parte de la presión sobre Maduro y así intentar forzar una mediación y una negociación entre las partes que conduzcan a elecciones.

Nunca ocurrió. Al revés, la situación se ha seguido deteriorando.

El rumbo de ahora no está claro. El inefable José Luis Rodríguez Zapatero sigue enredando, Pablo Iglesias y sus compinches -que cobraron de diversas formas cantidades enormes del régimen chavista y siguen en la pomada-  presionan en favor de los sicarios.

Nadie duda en Bruselas de que la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno juega un papel principal en los vaivenes.

Tildar de «líder de la oposición» a Guaidó es lo que hizo Pablo Iglesias cuando se discutía su visita a Madrid mientras las grandes potencias hacían lo contrario.

Desde Moncloa repiten que la postura del Ejecutivo no ha cambiado, pero los hechos son tozudos.

Pedro Sánchez se ha hecho comandante chavista.

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