El portavoz de Unidas Podemos demuestra estar más preocupado por las críticas al Gobierno que por la salud pública

Echenique amenaza a Díaz Ayuso y Ana Rosa por las ‘protestas de barrio’ y calla como una rana en la despedida a Anguita y el aquelarre etarra

Juan Carlos Monedero insultó a los manifestantes en un intento desesperado para evitar que se propaguen las manifestaciones contra Sánchez

Pablo Echenique hizo una nueva demostración de cinismo.

Evidentemente nervioso por el auge de las manifestaciones contra el Gobierno de Pedro Sánchez y su nefasta gestión sanitaria, el portavoz de Unidas Podemos lanzó una amenaza a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y a la presentadora de ‘El programa de Ana Rosa’, Ana Rosa Quintana.

A través de sus redes sociales, Echenique intentó manipular con los muertos que, hasta la fecha, generó el coronavirus y que ahora busca atribuir a los manifestantes.

“Han muerto más de 25.000 compatriotas y en Alemania, Corea del Sur, Japón o Singapur ya ha habido rebrotes. Mientras tanto, Ana Rosa e Isabel Díaz Ayuso se dedican a alentar «manifestaciones» que nos ponen a todos en riesgo. Si ocurre algo, será sobre vuestras conciencias”, amenazó en su cuenta de Twitter.

Irónicamente, el portavoz de Unidas Podemos no mostró el mismo rechazo a las marchas feministas del 8-M (convocadas por su partido a sabiendas del impacto que tendría en la salud pública), pero tampoco con las aglomeraciones irresponsables que se vivieron el domingo 17 de mayo en la despedida a Julio Anguita en Córdoba.

Las imágenes del acto demuestran como, aproximadamente, un centenar de ciudadanos se aglomeraron en los alrededores del Ayuntamiento de Córdoba, sin guardar la distancia de prevención recomendada, sin el uso de guantas y en bastantes casos sin mascarilla.

La escena, mucho más riesgosa de lo que se ha vivido en algunos barrios de Madrid y en otras ciudades españolas, no ha generado malestar o críticas por parte de Echenique. En este sentido, evidencia que su preocupación no radica en la posibilidad de un rebrote de contagios, sino en una expansión de las protestas contra el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Lo mismo le ocurre a su ‘camarada’ Juan Carlos Monedero.

Al reivindicativo Juan Carlos Monedero resulta que, ahora, le molestan las protestas. Sí, esas espontáneas que, desde distintos barrios de Madrid (incluido Vallecas), han salido con banderas y cacerolas para solicitar una sola cosa: “Gobierno, dimisión”.

Para el cofundador de Podemos, los manifestantes son unos «gilipollas», «golpistas», «pijos», «indecentes» «descerebrados» y «hemofílicos». Unos calificativos que olvidó durante el 15-M o cuando irresponsablemente llenaron las calles de marchas feministas el pasado 8-M, favoreciendo la expansión del COVID-19.

Así como le ocurre a Echenique, Monedero no criticó a los españoles que aglomerados en Córdoba daban su ‘adiós’ a Julio Anguita, mientras se olvidaban de todas las medidas de precaución y prevención contra el COVID-19.

Al parecer, Podemos solo observa con buenos ojos aquellas aglomeraciones que, ayuden o no a propagar al COVID-19, no sean críticos con sus intereses políticos. Ya sea un 8-M o una despedida al ‘Califa rojo’.

El ‘Califa rojo’

El excoordinador general de Izquierda Unida y exalcalde de Córdoba, Julio Anguita, falleció el sábado 16 de mayo a los 78 años de edad por una parada cardiorrespiratoria que sufrió el pasado 9 de mayo de 2020 en su domicilio en Córdoba capital.

“Los profesionales del 061 han tenido que aplicar maniobras de reanimación cardiopulmonar al encontrarse al paciente en parada cardiaca. Ha sido trasladado en la uvi móvil del 061 al Hospital Universitario Reina Sofía, donde permanece ingresado en la UCI en situación crítica, con ventilación mecánica y pendiente de evolución” rezaba el parte que emitía el centro hospitalario cordobés a petición de la familia.

Hasta ahora, todo son alabanzas, porque pocos países entierran tan bien como España -excepto si falleces de coronavirus- pero Anguita tenía un fondo sectario acongojante. Era de los que, al igual que Pablo Iglesias, Alberto Garzón y otros de su cuerda, defendía capa y espada al dictador Nicolás Maduro y sus esbirros chavistas.

Nacido en el seno de una familia con tradición militar, su padre fue suboficial del Ejército, Anguita siempre fue un rebelde con causa y nunca quiso saber nada de uniformes, tanques o fusiles. Estudió Historia y Magisterio y se dedicó a la docencia hasta que encontró en la política una verdadero instrumento para cambiar las cosas.

En 1972 se afilió al Partido Comunista de España (PCE) -por entonces una formación ilegal en España- hasta que en las primeras elecciones municipales de la democracia de abril de 1979 se presentó con el ya legalizado PCE como candidato a la alcaldía de Córdoba, logrando ser el más votado y llegando a un acuerdo con PSOE, UCD y PA para convertirse en el primer alcalde comunista de una capital de provincia española.

Pese a sus problemas con sus socios de gobierno, la popularidad de Anguita en la ciudad era tal que en los comicios de 1983 obtuvo la victoria con mayoría absoluta (17 concejales), con lo que se ganó el apodo del ‘califa rojo’. En esta época como regidor de la ciudad andaluza, Córdoba solicitó a la UNESCO la declaración de la Mezquita-catedral como Patrimonio Cultural de la Humanidad, reconocimiento que logró en 1984.

Los malos resultados del PCE en las elecciones generales de 1982 llevaron a los comunistas a refundar el partido e integrar en su seno a otras formaciones de izquierda.

Nació así Izquierda Unida (IU) en 1986, partido que Anguita empezó a liderar a nivel nacional en 1989-aunque en 1986 se presentó a las elecciones autonómicas andaluzas y logró 19 parlamentarios-, un año después de ser elegido secretario general del PCE.

Con Anguita, los comunistas resucitaron de sus cenizas y alcanzaron sus mayores éxitos logrando más de dos millones de votos en las elecciones generales de 1993 y 1996. «Programa, programa, programa», era una de las frases más repetidas del político malagueño para dejar claro que lo primero eran las señas de identidad de la formación y que los acuerdos con otras formaciones, como el PSOE, debían ser siempre puntuales y concretos.

El exalcalde de Córdoba había sufrido un infarto de miocardio en 1993 en plena campaña electoral en Barcelona y la misma dolencia se repitió en 1998. Un nuevo problema de salud poco después, hizo que Anguita se alejase de la política en 1999. Ya retirado, el excoordinador de IU fue hospitalizado de urgencia en 2009 debido a una arritmia cardíaca y en 2014 fue ingresado de nuevo tras sufrir una angina de pecho.

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Autor

José Antonio Puglisi

Periodista italovenezolano especializado en economía y periodismo de investigación.

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