El ‘Caso Dina’ desveló actitudes machistas del vicepresidente segundo que no han reprochado ni el ministerio de Igualdad, ni su pareja

Irene Montero, ‘enamorada’ del «machismo» de Iglesias: «Yo me meto en la cama con quien me da la gana»

Así respondió la ministra de Igualdad a la senadora del PP que le preguntó si no siente vergüenza de "compartir su vida con un machista"

Irene Montero se mostró ‘enamorada’ del “machismo” de Pablo Iglesias.

La ministra de Igualdad mantuvo un tenso debate con la senadora Adelaida Pedrosa (PP) por la posible imputación de Pablo Iglesias por las cloacas del ‘Caso Dina’. Sin embargo, la tensión se disparó cuando se volvió a preguntar a Montero su opinión de la conducta machista del vicepresidente segundo.

La ‘popular’ quiso saber si no siente vergüenza de “compartir su vida con un machista”. La Ministra perdió los papeles y respondió con un “señora senadora, yo me meto en la cama con quien me da la gana”. Una afirmación que no tardó en volverse viral en las redes sociales.

Visiblemente incómoda con los señalamientos a su pareja por las actitudes machistas que salieron a la luz durante el ‘Caso Dina’, Montero agregó: “Se lo digo con esta claridad porque yo puedo permitírmelo. Pero hay millones de personas en este  país que por su orientación sexual y ser mujeres y sus legislaciones y sus actitudes discriminatorias han tenido que ver frustrados sus proyectos personales porque son ustedes unos intolerantes”.

“Más quisieran ustedes que poder decirles ustedes a las mujeres y a las personas que con quién tienen que acostarse”, sentenció la ‘enamorada’ ministra.

Adelaida Pedrosa no se quedó con la palabra en la boca y remató con un ‘zasca’. “Hemos hecho mucho más por el feminismo y las mujeres que usted, que todavía no ha demostrado nada”.

“Machismo salvaje”

La senadora ‘popular’ mostró su interés por conocer si Montero “va a seguir defendiendo al vicepresidente en el machismo salvaje que está llevando a cabo”.

Además, invitó a la ministra para que se defienda “como mujer” y a poner en práctica “lo que defiende en su Ministerio”. “No ceda ante un machista”, insistió Pedrosa.

“De mujer a mujer, señora ministra, si tiene a bien y quiere mirarme a la cara. ¿Siente vergüenza por compartir su vida con un machista o va a seguir callada? ¿Es usted una mujer sumisa a un macho alfa?”, terminó preguntando.

El endeble criterio de Igualdad

El pasado 15 de octubre, Bea Fanjul necesitó solo una pregunta para transformar a Victoria Rosell en un manojo de nervios.

La diputada del Partido Popular recopiló los principios del propio Ministerio de Igualdad, en manos de Irene Montero, sobre las conductas que son tildadas de “acoso sexual”.

Afirmando que dichas conductas fueron percibidas en el líder de Podemos, Pablo Iglesias, Fanjul lanzó su pregunta letal: “¿Según Igualdad, Pablo Iglesias es un acosador sexual?”.

Rosell entró inmediatamente en pánico. Comenzó a reír nerviosa, intentando dar con una excusa que pudiera salvar al ‘líder supremo’ de Podemos, pero terminó sin ofrecer una respuesta a la pregunta de la diputada del PP. El que calla, otorga.

Fanjul logró desmontar a Rosell utilizando los propios principios del Ministerio de Irene Montero.

“Estará de acuerdo en que, quien comete acoso sexual, es por definición un acosador. Entendemos, según su criterio, que cualquier tipo de mirada lasciva es acoso. Cualquier tipo de broma sexual hacia una mujer, es acoso. Cualquier tipo de insinuación inapropiada es acoso”, comenzó a justificar.

A lo que remató con un “todos conocemos y tenemos constancia de que el vicepresidente segundo del Gobierno ha cometido acoso en, al menos, una ocasión. Por lo tanto y siguiendo su racionamiento, y entendiendo que usted está de acuerdo con el criterio del Ministerio [de Igualdad], respóndame: ¿Sería para usted el señor Iglesias un acosador sexual?”.

En ese instante fue cuando la podemita se transformó en un manojo de nervios que no pasó desapercibido en las redes sociales.

Los episodios machista de Iglesias

El vicepresidente mantuvo, entre 5 y 36 meses, en su control la tarjeta del móvil de Dina Bousselham, donde había conversaciones personales e imágenes íntimas de su exasesora. ¿El motivo?, para “protegerla”, según admitió el vicepresidente segundo.

No es la única actitud machista del líder de Podemos.

Pese a presumir de un discurso feminista en sus mítines y actos públicos, la imagen de Iglesias comenzó a tambalear con las filtraciones del móvil de Dina, donde se podía leer que el actual vicepresidente quería “azotar hasta que sangre» a Mariló Montero.

También ocurrió con Pilar Gómez (La Razón). En plena tertulia política en ‘Al Rojo Vivo’, el líder de Podemos le guiñó un ojo a la periodista.

“Pues a mí personalmente no me gusta que me guiñen el ojo ¿lo puedo decir o no? Pues sí, me ofende, al igual que a él le ofende que yo le trate de tú o de usted, a mí no me gusta. Me molesta que en un debate político me guiñen un ojo”, sentenciaba la periodista para dejar clara su postura al líder de Podemos.

«¡Qué bonito abrigo de piel llevas!»

En una rueda de prensa en el Congreso, Pablo Iglesias intento burlarse de la periodista Ana Romero, quien le había preguntado si su decepcionante resultado electoral afectaba a sus intenciones de pacto de Gobierno.

«¡Qué bonito abrigo de piel llevas!», se limitó a declarar el dirigente podemita, mientras sus compinches y la propia Irene Montero sonreían como lelos .

Levy «se calienta»

Pero las periodistas no han sido las únicas atacadas por el rampante machismo de Iglesias. También lo han sido las dirigentes de otros partidos políticos como Andrea Levy, la vicepresidenta de Estudios y Programas del PP. Durante la investidura fallida de Pedro Sánchez, el líder podemita manifestó que Levy «se calienta» con el diputado de su partido Miguel Vila.

El secretario general de Podemos manifestó que ofrecía su despacho en el Congreso para que «ambos se conozcan mejor».

Ridiculizando la condición de mujer de la ‘popular’, el tono jocoso de Pablo Iglesias fue en aumento hasta confesar que se sentía «preocupado» ya que se ve incapaz de «controlar la virtud de sus diputados» y que ante ese contexto lo único que puede hacer es «facilitar su despacho».

Iglesias realizaba este alegato en el estrado del Congreso de los diputados, a la vista de todo el mundo, para intentar justificar su rechazo a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.

«La única fuerza de Botella es su marido»

Ana Botella, la que fuese alcaldesa de Madrid entre 2011 y 2015, también estuvo en el blanco de los ataques machistas de Pablo Iglesias. El líder podemita menospreciaba los logros de Botella y señalaba que llegó a la Alcaldía de la capital por ser esposa del ex presidente del Gobierno José María Aznar.

«Es una pena que en un día como hoy tengamos que hablar de Ana Botella, que representa todo lo contrario a las mujeres valientes. Es la que encarna ser esposa de, nombrada por, sin preparación…y además de belicista, es una mujer cuya única fuerza proviene de ser esposa de su marido y de los amigos de su marido», destacaba Iglesias en una tertulia de La Sexta Noche.

Se dirigía a sus alumnas por su físico

La actitud machista de Iglesias no viene de ahora. En su época de profesor en la Universidad Complutense de Madrid se dirigía a sus alumnas por sus rasgos físicos, mientras que a los chicos les llamaba por su nombre.

Así lo revelaban referencias recogidas en el blog de Colectivos de Jóvenes Comunistas de su Universidad.

La bitácora de estudiantes comunistas publicó en febrero de 2014 una entrada titulada [Somosaguas] Lo que no sabes de los líderes de Podemos. Ni Juan Carlos Monedero ni Pablo Iglesias salían bien parados por diversos motivos. Uno de ellos era el retrato de ambos en el que se les presentaba como machistas. En el caso del secretario general de la formación morada se dice de él:

«También sabemos que Pablo Iglesias en sus clases se dirige a las alumnas, no por su nombre o apellido cómo sería lo lógico, sino por sus rasgos físicos o diminutivos, actitud machista que choca frontalmente con el aparente feminismo del que hace gala en la televisión».

Así, las chicas podían ser «rubita» o incluso «gordita». De hecho, este blog aseguraba que si una mujer era poco agraciada lo destacaba en el apodo usado para referirse a ella.

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Autor

José Antonio Puglisi

Periodista italovenezolano especializado en economía y periodismo de investigación.

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