LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Sánchez se refugia en el marketing de Redondo mientras la segunda oleada del virus hace estragos en España

"El deber del presidente no es ocupar el telediario ni seguir jugando a erosionar a la oposición, sino gestionar una pandemia"

Sánchez se refugia en el marketing de Redondo mientras la segunda oleada del virus hace estragos en España

Situación crítica a dos meses exactos de la Navidad de 2020.

La segunda ola de la pandemia del coronavirus no es que haya entrado en España, es que ya ha cometido estragos por doquier, pero el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recurre a las estrategias dialécticas que le diseña Iván Redondo como elemento supremo de defensa ante el virus.

El mediodía del 23 de octubre de 2020 el jefe del Ejecutivo volvió a hacer una de esas comparecencias que tanto le gustan, a la medida y sin periodistas y todo para no tomar decisión alguna, solo lanzar palabras huecas al aire y mensajes de triunfalismo como los que ya lanzara en pleno estado de alarma por los meses de mayo y junio de 2020.

Sin embargo, este 24 de octubre de 2020 amanece en España con la sombra de que en cualquier momento Sánchez puede decretar el estado de alarma previa convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario.

Los principales editoriales de la prensa de papel reclaman al presidente del Gobierno que se deje de tanto discurso prefabricado y, al tiempo, que no intente descargar en las comunidades autónomas lo que es una responsabilidad que le compete a él.

Así, por ejemplo, el diario ABC reclama a Sánchez que abandone esos gestos vacuos de cara a la galería y se ponga el mono de faena:

La comparecencia extraordinaria de Pedro Sánchez para abordar nuevas medidas sociales contra la pandemia fue un fiasco. Es notorio que pretendía recuperar el foco mediático perdido en la moción de censura, y lo hizo con soflamas que solo generan más confusión ciudadana y más caos administrativo.

Sánchez se ve ahora sin capacidad de respuesta, arrollado por la improvisación y sin marco legal en el que ampararse, lo cual suscita un problema: ¿qué ocurrirá si las autonomías dictan medidas para mermar libertades y los tribunales tumban esas decisiones porque deberían estar amparadas en el estado de alarma? ¿O si cada tribunal autonómico emite fallos contradictorios? Esta suerte de anarquía legislativa en la respuesta al virus solo va a generar más incertidumbre.

Cada comunidad, una receta, y cada español, más perplejo y desorientado. A Sánchez le falta arrojo y le sobra palabrería. Es una cuestión de más responsabilidad y menos marketing.

El Mundo, por su parte, afea al mandatario socialista que intente descargar en el PP la responsabilidad de pedir el estado de alarma. De hecho ve en la petición de esa figura por parte de autonomías gobernadas por el PSOE una medida de presionar a los de Pablo Casado:

Ahora que el alcance de la pandemia crece por todas partes, el presidente del Gobierno se queda quieto a la espera de que el PP le suplique la alarma.

Que autonomías gobernadas por socialistas o nacionalistas como País Vasco, Asturias o Extremadura reclamen al unísono el estado de alarma parece parte de una estrategia coordinada para comprometer al PP, que recuerda que lleva meses proponiendo un marco legal alternativo –¡Calvo lo prometió en mayo!–, menos lesivo para las libertades fundamentales y el tejido productivo.

Si la voluntad de Sánchez fuera sincera, se habría preocupado de explorar esa vía con Casado, al que convoca en público y no llama en privado. Está cerca el día en que los ciudadanos se harten de este juego de las culpas. España se supone que tiene un presidente. Su deber no es ocupar el telediario ni seguir jugando a erosionar a la oposición, sino gestionar una pandemia.

El País arrima el ascua a su sardina y aprovecha la petición de responsabilidad del presidente del Gobierno para reclamarle a Pablo Casado que preste su apoyo a Pedro Sánchez y demuestre así que su ruptura con VOX es sincera:

El presidente del Gobierno apeló ayer a la responsabilidad individual de todos ante la gravedad de la situación y no le falta razón al señalar la necesidad de doblegar la curva como reto colectivo. Pero eso no oculta la dimensión de la responsabilidad que atañe a los Gobiernos central, autonómicos y sus oposiciones, que deben enfrentarse con determinación a esta hora decisiva.

El Consejo Interterritorial de Salud aprobó el jueves un sistema de semáforos con varios parámetros de los que el principal es el número de contagios por 100.000 habitantes. El nivel “extremo” se ilumina a partir de 250 en los últimos 14 días. España, de media, supera con creces ese umbral. El semáforo rojo se ha encendido y procede la medida sugerida en su caso: el estado de alarma nacional, que cada comunidad debe gestionar de forma eficaz. Ciudadanos ya ha prestado su apoyo. Urge que el PP traslade a hechos su ruptura con la extrema derecha y sus promesas de actitud centrista, y deje de jugar con una crisis que no es ideológica, sino sanitaria. La unidad será, en este caso, clave, al igual que las medidas.

Finalmente, La Razón acusa al jefe del Ejecutivo de esconderse ante esta nueva pandemia y optar por dejar el marrón de la gestión a las autonomías:

Sánchez rehuye a un mando único de la gestión de la crisis, de ahí que País Vasco, Asturias y Extremadura pidan el estado de alarma o que Castilla y León ponga en marcha el toque de queda este fin de semana. Hay una evidencia: es necesario la máxima protección y el confinamiento, pero es necesario una directriz clara, algo que el Gobierno no está dispuesto a asumir. Los últimos datos de ayer no invitan al optimismo: 19.851 nuevos positivos y 231 muertos más, lo que nos sitúan en índices de finales del pasado mes de marzo. Sánchez ha preferido esconderse, sin asumir el liderazgo, sin ninguna idea que transmitir ni aportación para controlar la situación.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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