Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado exigen una respuesta inmediata y eficiente para solventar la crisis que se vive en el muelle de Arguineguín

Policía y Guardia Civil atizan a Robles y Marlaska por no «poner una solución» a la «invasión» de Canarias

Los ministros de Interior, Seguridad Social y Migraciones, y Defensa mantienen una tensa relación y cruce de reproches por el problema migratorio

Policía y Guardia Civil atizan a Robles y Marlaska por no "poner una solución" a la "invasión" de Canarias
Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska PD

La “invasión” de inmigrantes ilegales a Canarias dispara la tensión entre los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el Gobierno de Pedro Sánchez.

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) denunció la «descoordinación ministerial» que dificulta la actuación de los agentes frente al reto migratorio.

La Policía y la Guardia Civil muestra su preocupación ante la «dantesca» situación que se vive en el muelle de Arguineguín. Esa que continúa «sin que el Gobierno de España haya puesto una solución al problema».

«Esta ausencia de liderazgo en la utilización eficaz de los recursos de los departamentos implicados está provocando graves perjuicios en el servicio policial sin que, además, Interior ejerza su competencia exclusiva como órgano coordinador del trabajo de las diferentes Fuerzas y Cuerpos de seguridad implicados en la atención de esta crisis de pateras», señalan en un comunicado conjunto el SUP y la AUGC.

Las organizaciones sostienen que la «dejación de funciones» ha mostrado las «costuras» del actual modelo policial, deficiente ante el reto de la gestión de la inmigración irregular.

«Un drama de enorme magnitud que claramente desborda la pobre estructura policial, asistencial y social con la que contamos», explicaron.

Asimismo, recordaron que Canarias sufre un incremento de llegada de pateras y ciudadanos magrebíes, «que supera el 1.000% respecto a las cifras del mismo periodo del año pasado».

Se refieren al «polémico y masificado» campamento de emergencia de Arguineguín, en Gran Canaria, donde anoche dicen que pernoctaron 1.920 personas, y que ha llegado a dar cabida a más de 2.500 migrantes hacinados.

«Ante esta situación hay que apostar por un refuerzo de las fronteras exteriores, como elemento fundamental para recuperar la confianza pública», sostienen.

Tras recordar la creación en 2019 de la Agencia de Fronteras de la Unión Europea (Frontex), defienden que la reducción de la presión migratoria y salvaguarda de los derechos humanos de los migrantes «sólo podrá lograrse si se concibe como un reto al que asignar suficientes medios materiales, a través de inversiones de urgencia en medios de protección frente al contagio del COVID-19, vehículos, instalaciones móviles para la toma de huellas o incoación de expedientes de extranjería, refuerzo de plantillas».

También solicitan la adquisición de medios aéreos y marítimos y potenciación de la prevención en los países de origen mediante equipos conjuntos de investigación. Incidentes como el desalojo de 200 migrantes del puerto de Arguineguín destapa para ellos «nuevos episodios de descoordinación entre Administraciones».

Guerra interministerial

La “invasión” migratoria también está creando una gran grieta entre los ministerios del Gobierno PSOE-Podemos. En concreto, en los liderados por Fernando Grande-Marlaska,  José Luis Escrivá y Margarita Robles.

Como indica VozPópuli, los tres ministros y la ministra de Política Territorial, la canaria Carolina Darias, fueron convocados en el Palacio de la Moncloa a una reunión con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Sin embargo, en el encuentro existió de todo menos un ambiente cordial. Y todo esto sin la necesidad de que estuvieran presentes los ministros de Podemos.

El principal choque entre los ministros fue a cuenta de la participación del Ejército en Canarias. Robles mostró su plena disposición a facilitarlo. Grande-Marlaska y sobre todo Escrivá montaron en cólera, porque habían reclamado esta ayuda mucho antes y consideraban que llegaban tarde.

El diario desvela que la tensión fue de tal magnitud que Escrivá esgrimió varios documentos para probar esas peticiones supuestamente desatendidas por Robles días antes y sin dar explicaciones. 

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