Caos con el coronavirus, caos con las vacunas y caos con Filomena

El Gobierno Avestruz: Sánchez y sus ministros se esconden otra vez

Que en alguna ocasión podamos observar a un avestruz que mete la cabeza en la tierra no tiene que ver con el miedo.

Suele estar cavando para conseguir algún tipo de alimento entre ellos lombrices o cavando un agujero donde posteriormente depositará los huevos.

Pero se ha convertido en un mito, que la gente cree a pies juntillas, eso de que la gigantesca ave oculta la cabeza cuando no quiere ver algo.

Tanto que existe la costumbre de decirle a una persona que ha escondido la cabeza como un avestruz cuando rehúye algún compromiso, no quiera dar la cara en un asunto o tiene una actitud cobarde.

Pues aunque el avestruz no esconda la cabeza, es más que evidente que el Gobierno PSOE-Podemos, presidido por el socialista Pedro Sánchez, lo hace sistemáticamente.

Con Filomena le ha pasado lo mismo que con el coronavirus o las vacunas: se sabía que llegaba, pero las medidas preventivas han sido desastrosas y los estragos inmensos.

Una tormenta de esta magnitud y duración no se puede evitar, como sucede con una pandemia, pero sí se puede paliar adoptando medidas de antemano que minimicen los estragos.

Los avisos eran tan claros como los que, desde enero a marzo, recibió el Gobierno desde la OMS o la Unión Europea para el caso del coronavirus.

Y la respuesta, de nuevo, ha sido igual de tardía y torpe: en el primer caso, se resume en las mayores tasas de contagio y mortalidad del mundo.

En el segundo, en la estampa de cientos de coches y camioneros atrapados en carreteras en las que nunca debieron estar. O viajeros prácticamente abandonados en las estaciones de trenes y autobuses que no se aplazaron, con tiempo suficiente, hasta bien entrada la noche.

La concatenación de desastres en la gestión se completa con dos capítulos que reflejan también la abismal diferencia entre el autobombo que se da este Gobierno y los resultados objetivos de su gestión: de un lado, la campaña de vacunación sigue a niveles ínfimos al lado de la urgencia nacional que se sufre en España.

De otro, la brutal subida de la luz en plena ola de frío y de crisis económica en los hogares y empresas, refleja la demagogia de un Ejecutivo que hizo campaña de incrementos mucho menores y ahora asiste como mero testigo pasivo a este repunte histórico del recibo de la luz.

Lo cierto es que la Administración Pública se ha tomado vacaciones desde diciembre, por distintas razones que merecerían un análisis sosegado y profundo, y que ese antagonismo entre el sufrimiento de la población y la respuesta de los servicios e instituciones que sufraga es ya insoportable.

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