"Los criterios de evaluación están redactados de una forma deliberadamente vaga"

Los docentes ponen el grito en el cielo ante los efectos de la ‘ley Celaá’: adiós a los dictados y a la regla de tres

También se baja el listón de las exigencias en la ortografía, la gramática y la riqueza del vocabulario

Los docentes ponen el grito en el cielo ante los efectos de la 'ley Celaá': adiós a los dictados y a la regla de tres
Pilar Alegría recibe de Isabel Celaá la cartera de Educación y una ley, la Lomloe, que no es bien recibida entre los docentes.

Si de los docentes dependiera, ahora mismo la vivienda de la exministra de Educación Isabel Celaá sería el mayor almacén de calabazas de España.

La gran mayoría de los maestros están que echan las muelas ante la aplicación de la ‘ley Celaá‘ porque intenta hacer de las futuras generaciones de estudiantes unos ingenieros de postín… pero con los pies de barro.

Dicho de otra manera, se pretende que los niños de hoy lleguen a altas metas profesionales, pero sin tener una base sólida, despreciando cuestiones que para muchos profesores resultan más que fundamentales.

Varios de ellos se manifiestan con meridiana claridad en el diario El Mundo este 11 de agosto de 2021 contra la herencia que deja Isabel Celaá y que va a ser aplicada con toda rigurosidad por su sucesora, Pilar Alegría.

Andrés Rivera, docente en Alicante, denuncia la aviesa estratagema para la reducción de contenidos básicos:

Se enmascara dentro de una denominación globalizadora de los saberes. No hay mención directa a los números romanos. Ahora que se van a juntar asignaturas, ¿cómo leerán los alumnos los siglos en los temas dedicados a la Historia? Tampoco se hace mención a la regla de tres, que se ha vuelto muy impopular entre los expertos en Didáctica, que no la consideran útil.

Añade este maestro que:

En cambio quieren enseñar la regla de Laplace, que no es contenido de Primaria y que, por su nivel de abstracción, queda fuera del alcance de la comprensión de los alumnos de 12 años. El currículo constantemente anima a que los niños se conviertan en pequeños investigadores que analicen, elucubren y conjeturen. Esto suena muy bien, pero sólo puede lograrse a partir de un bagaje determinado y con un grado de madurez.

Remacha que con la aplicación de la ‘ley Celaá‘:

Los criterios de evaluación están redactados de una forma deliberadamente vaga. Esta indefinición no ayuda en la tarea de los maestros que busquen dotar de rigor científico al área, sino que añade dificultad. Parece más una declaración de intenciones que una disposición legal.

Otro docente, madrileño en este caso, Pedro Esteban, pone el grito en el cielo por la manera de bajar el listón de las exigencias en el primer ciclo de Primaria.

Sin ir más lejos, solo se exigirá a los alumnos que sepan contar hasta 199 cuando hasta la fecha lo normal para un niño de 7-8 años sea llegar con facilidad a 999.

Pero hay más, resalta:

No se concretan figuras básicas como el círculo y se baja sustancialmente en contenidos, fomentando más metodologías basadas en debatir ideología y menos conocimientos de cálculo mental, estrategias de memoria, modelos matemáticos concretos, teoría de conjuntos, sistemas de igualdades.

Y otra docente especialista en Literatura y Lengua Castellana advierte de la desaparación de cuestiones básicas como los dictados, así como la enseñanza de lo que son los diptongos e hiatos, los prefijos y sufijos, la conjugación de los verbos y conocer los adjetivos, las conjunciones o los adverbios:

Se aborda mucho la comunicación oral, la comprensión lectora y la expresión escrita, pero no se desarrollan con claridad la ortografía, el vocabulario o la gramática. Un alumno puede saber expresarse muy bien, pero si pone una falta de ortografía no le sirve de nada, y ése es el problema que tenemos ahora. Si falla la base, falla todo.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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