Haced lo que diga, no lo que haga.
Es el primer mandato del catecismo socialcomunista.
Y Pedro Sánchez lo cumple a la perfección.
Ahora que Begoña Gómez se prepara para cruzar el Canal de la Mancha y asistir a la graduación de su hija mayor, Ainhoa, en una universidad privada de élite en Reino Unido, se viralizaron unas palabras de hace varios meses del presidente del Gobierno cargando contra la universidad privada.
Tanto él como varios miembros de su gabinete en La Moncloa llegaron a calificar a los centro privados como «chiringuitos académicos y máquinas expendedoras de títulos»:
Lo que está en riesgo es un modelo de educación superior en el que el acceso universal y la garantía de calidad y excelencia están deliberadamente amenazadas. Y yo creo que lo está por la voluntad de quienes pretenden fragmentar y privatizar nuestra universidad. De quienes están dispuestos a que la igualdad de oportunidades deje de estar garantizada, como si la igualdad de oportunidades y la meritocracia estuvieran reñidas. Cuando es justo lo contrario. Sin igualdad de oportunidades no hay capacidad de poder hacer y materializar el mérito de nuestra sociedad.
Comparó la situación con la sanidad privada:
El método, pues ya sabemos cómo es, lo conocemos bien. No estamos inventando la rueda, no lo están inventando la rueda, no están descubriendo América. Están aplicando lo mismo que han hecho en otros muchos ámbitos, pilares del estado del bienestar. Por ejemplo, la salud pública. Lo que se hace primero es debilitarla, cuestionarla para después privatizarla. Primero recortan recursos para minar su funcionamiento. Y aquí se ha dicho. Después, ¿qué se hace? Bueno, pues se cuestiona su servicio, su calidad, precisamente afectados por los recursos que se detraen.

Y lanzó el ataque definitivo contra los centro universitarios privados:
Y finalmente, cuando el deterioro es evidente, pues presentan como solución la privatización como única salida. Y mientras se ahoga desde el punto de vista de la financiación de las universidades públicas, se extiende una alfombra roja a la creación de esas academias a las cuales antes se ha hecho referencia. Centros que en muchas ocasiones, no todas, pues no buscan la excelencia ni la investigación, sino simplemente hacer caja emitiendo títulos sin exigencias reales. Convertidas, bueno, pues en chiringuitos educativos.
Este no es un caso aislado en el clan Sánchez-Gómez. La hija menor, Carlota, estudia un doble grado en ADE y Marketing en inglés en ESIC University, una universidad privada y católica de Pozuelo de Alarcón (Madrid) que cuesta alrededor de 13.000-14.500 euros al año. La propia Begoña Gómez ha tenido vínculos formativos con el mismo centro.
Pedro Sánchez, que presume de defender la educación pública para todos, estudió en centros privados y ahora ve cómo sus dos hijas optan por la enseñanza de pago, una en Madrid y otra directamente en el extranjero.
Mientras tanto, su Ejecutivo impulsa normativas para endurecer los requisitos a las universidades privadas y las señala como un problema de equidad.
El viaje de Begoña a Londres pone en evidencia, una vez más, la enorme distancia entre el discurso oficial y la realidad familiar del inquilino de La Moncloa. Para los españoles: pública, austeridad y justicia social. Para los Sánchez: privada, élite y, cuando hace falta, a cientos de kilómetros de distancia.
