En plena vorágine de polémicas judiciales y cuestionamientos sobre el estilo de vida de la familia presidencial, sale a la luz un nuevo capítulo que ha encendido el debate sobre la coherencia entre el discurso público de Pedro Sánchez y las decisiones privadas de su hogar.
Mientras el presidente del Gobierno defiende a capa y espada la educación pública y critica en numerosas ocasiones las desigualdades sociales, las hijas del mandatario cursan estudios en centros privados de élite cuya factura anual supera con creces los ingresos combinados de la pareja presidencial.
Según la información difundida en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3, la universidad privada de una de las hijas de Sánchez en Londres figura entre las más caras del mundo. El coste de las matrículas de las dos hijas del presidente superaría lo que Pedro Sánchez y Begoña Gómez declaran ganar al año entre ambos. El sueldo oficial del presidente ronda los 110.000 euros anuales, pero mantener a dos estudiantes en universidades de este nivel implica un desembolso que para la mayoría de las familias españolas resultaría inalcanzable.
Esta revelación cobra mayor relevancia en el contexto actual. Precisamente estos días ha trascendido la solicitud de Begoña Gómez para viajar a Londres con el fin de asistir a la graduación de su hija, petición que ha generado controversia tras la retirada de su pasaporte por parte del juez instructor del caso que la investiga. Mientras se debate si ese viaje era o no imprescindible, los focos se centran también en el alto coste de esa formación académica en el extranjero.
No es el único caso. La hija menor, Carlota Sánchez Gómez, estudia un doble grado en Administración y Dirección de Empresas (ADE) y Marketing en inglés en ESIC University, una prestigiosa universidad privada y católica ubicada en Pozuelo de Alarcón (Madrid). El precio anual supera los 12.900 euros, más gastos de matriculación inicial que rondan los 2.000 euros. Para un programa de cinco años, la inversión total fácilmente supera los 64.000-70.000 euros. Una cifra que contrasta fuertemente con las críticas que el propio Sánchez ha vertido en el pasado contra las universidades privadas, a las que en algún momento llegó a calificar despectivamente como “chiringuitos”.
Periodistas y tertulianos en ‘Espejo Público’ no han dudado en señalar la hipocresía. El abogado Joaquín Moeckel lo resumió con crudeza: “Estos señores que hablan de lo buena que es la educación pública pero llevan a sus hijos a la privada… Su discurso es una sarta de mentiras que no se sostiene. Esto es lo que no se puede hacer con la gente: tomarle el pelo”.
La polémica se agrava al sumar otros gastos públicos asociados a la familia. En paralelo se ha conocido que el Gobierno movilizó tres aviones militares —un Airbus exclusivo para Sánchez y Falcons para ministros— para un desplazamiento a la cumbre de la OTAN en Ankara (Turquía), incluyendo un aparato de reserva. Periodistas como Gema López y Carmen Morodo criticaron este “dispendio” en un momento de austeridad presupuestaria y dificultades económicas para los ciudadanos. “Con la que está cayendo, se podían haber evitado este tipo de gastos”, señalaron.
La pregunta que flota en el ambiente es evidente: ¿cómo afronta una familia con ingresos públicos declarados un gasto educativo tan elevado? Aunque nadie cuestiona el derecho de los padres a elegir la mejor educación posible para sus hijos, sí genera perplejidad la brecha entre el mensaje de igualdad y solidaridad que promueve el PSOE y las opciones vitales de sus líderes. Sánchez no es el primer político que opta por la privada para su familia —su propio historial académico también incluye centros no públicos—, pero en un país donde la educación pública se presenta como bandera ideológica, estas decisiones duelen especialmente a una parte de su electorado.

