El periodista e investigador dice que "después de ocho años, los restos pueden haber sido alterados"

Luis del Pino: «No nos hacemos ilusiones de encontrar nuevas pruebas en el vagón aparecido del 11-M»

"No se entendió que el juez descartase hacer una simulación de las explosiones"

Luis del Pino, periodista de esRadio y experto en el 11-M, analiza los nuevos datos revelados sobre el atentado ocurrido en Madrid en 2004. El descubrimiento de uno de los vagones afectados en el suceso ha abierto de nuevo el debate sobre la investigación que se realizó.

Del Pino resalta que:

Estamos hablando de unos restos que han estado ocultos durante ocho años. Son restos que han podido ser manipulados por cualquiera, por tanto su valor probatorio será limitado. Químicamente, no tienen valor probatorio alguno porque los restos que hubiera lo más probable es que hubieran desaparecido tras ocho años de mala conservación y además, como decía, nadie nos garantiza que no pueda haber ido alguien allí a contaminar esos restos con algún componente químico indeseado.

Y añade:

Físicamente, se podrían utilizar los restos para analizar el corte del explosivo en el metal y poder deducir el tipo de explosivo utilizado en el 11-M. Pero, sí bien es cierto que las manipulaciones físicas dejan más rastro que las químicas y por tanto, quizá hubiera esperanzas de que ese análisis fuera productivo. También es verdad que eso resulta muy difícil de decir, eso tendrán que decirlo los expertos, tendrá que decirlo la Fiscalía y yo desde luego no me haría demasiadas ilusiones.

Sobre la utilidad de los restos, Luis del Pino manifiesta que:

Ahora bien, ¿para qué nos pueden servir estos restos? pues para una cosa muy importante: hasta ahora pensábamos -y era ya un escándalo- que los diez vagones donde estallaron bombas el 11-M habían sido desguazados a toda prisa entre el 13 y el 17 de marzo de 2004, menos de una semana después de los atentados. Los restos que hemos descubierto ponen de manifiesto que la realidad es todavía más escandalosa. Se desguazaron a toda prisa en menos de una semana nueve de los diez vagones, pero otro se conservó, pero se conservó en secreto. Esos restos que hemos descubierto no constan en el sumario, no se comunicaron -que nosotros sepamos- al tribunal del 11-M, y desde luego, se les ocultaron a los peritos a los que el Tribunal del 11-M encargó averiguar los explosivos usados en la masacre. Y la pregunta es muy clara: ¿Por qué? Si la policía y la Guardia Civil -como nos consta- sabía que esos restos estaban ahí, ¿Por qué se le ocultó a los peritos del Tribunal del 11-M? Eso es un escándalo en sí mismo. ¿Qué motivo había para la ocultación? Y yo espero que la Fiscalía, además de ver si los restos tienen valor probatorio, nos diga cuál es la razón para que esos restos se mantuvieran en secreto tirados en una empresa de Madrid.

Respecto a la posibilidad de que en el vagón hallado hubiese restos de ropa y que su análisis llevase a averiguar aspectos nuevos sobre el o los explosivos usados, el periodista e investigador constata que:

Las ropas son objetos que impregnan muy bien los restos de explosivo y por tanto, se pueden utilizar para determinar qué es lo que ha estallado en una masacre terrorista. Por eso resulta tan escandaloso, por ejemplo, lo que hizo el juez Del Olmo seis semanas después de la masacre, que es ordenar que se incineraran en Valdemingómez todos los restos, todas las ropas, no reclamadas por ninguna víctima. Aquello fue destruir cosas que podían haber servido como prueba para aclararnos qué estalló. Si ahora apareciera ropa que la gente hubiera podido llevar aquel día durante el atentado pues a lo mejor podía conservar alguna impregnación de explosivo, pero estaríamos en el mismo problema: ¿En qué condiciones se ha almacenado esa prueba? ¿Qué garantía tenemos de que en ocho años esa prueba no ha sido manipulada?

En cuanto a una posible reapertura de la vía judicial, Del Pino entiende que:

El pronunciamiento del fiscal general del Estado, don Eduardo Torres Dulce, diciendo que ha ordenado a la Fiscalía de Madrid investigar qué ha pasado con estos restos y ver si ha podido haber algún delito de obstrucción a la justicia, indica que, por lo menos, ya se ha abierto una vía: la Fiscalía de Madrid tiene que investigar esos restos. Tiene que determinar qué es lo que ha sucedido para que esos restos se mantuvieran ocultos en secreto. Por tanto, hay una vía abierta. A mí el anuncio de Eduardo Torres Dulce me parece enormemente importante por otra razón: al margen de porque haya ordenado que se investigue este aspecto concreto, lo importante del anuncio de Eduardo Torres Dulce es que sienta precedente.

Para Del Pino, lo esencial es que:

Hemos abierto brecha en el muro de silencio institucional en torno al 11-M. Y eso es lo más importante que podía pasar. Los medios que estamos investigando el 11-M vamos a seguir investigando, vamos a seguir sacando datos. Hay noticias que hemos publicado que nos han llevado más de dos años y medio contrastar, atar todos los cabos, cerrar todos los puntos débiles, verificar las fuente. Y, por supuesto, ahora mismo nosotros tenemos en cartera informaciones que consideramos importantes y que iremos sacando a medida que las vayamos cerrando, y me imagino que otros medios que investigan el 11-M estarán en la misma situación. A pesar de todos los intentos de muchos por cerrar el 11-M, en los próximos meses seguirán saliendo informaciones escandalosas.

El periodista cree que se hubiesen esclarecido muchos aspectos de haberse llevado a cabo una simulación, una recreación de las explosiones:

A mi juicio hay una importantísima que en su día solicitaron las víctimas del 11-M al juez Del Olmo y que éste lo rechazó porque la policía le dijo: «no, esto no es interesante», pero que es la simulación de explosiones. Contamos con una galería fotográfica impresionante de los trenes atacados el 11-M. Se puede reconstruir perfectamente de manera virtual cuál era la forma de esos trenes antes y después de la explosión. Y se puede simular lo que es el efecto de distintos explosivos para ver si lo que nos han dicho, si la composición de las bombas que nos han contado podría haber originado esos destrozos. Ocho años después seguimos sin saber lo que estalló en los trenes y a lo mejor va siendo hora de que alguien haga algo productivo.

Sobre la destrucción de los vagones, Del Pino ofrece datos:

Los diez vagones atacados el 11-M tenían un peso de unas 90 toneladas. Eso, al final, quedó reducido a un conjunto de 23 muestras para los diez focos de explosión que fue lo que se les entregó a los peritos del 11-M nombrados por el juez Gómez Bermúdez durante el juicio. Además, esas muestras que se les entregaron estaban lavadas, con agua y acetona de forma que el residuo sólido analizable no era superior a un gramo. Con eso les dijeron: intentad averiguar qué estalló. os trenes se desguazaron rapidísimamente entre el 13 y el 17 de marzo de 2004, es decir, menos de una semana después de las explosiones, cuando todavía no se había terminado de identificar a las víctimas, ya había gente en Renfe preguntando a las empresas que compran la chatarra cuánto pagaban por la chatarra de esos trenes.

Y puntualiza:

La pregunta es: ¿Quién dio la orden de destruir los trenes? Lo triste es que a fecha de hoy nadie se ha querido responsabilizar de esa orden de destrucción. La juez Coro Cillán ha estado preguntando a personal de Renfe, a personal del Tedax, a estado preguntando a policías de otros cuerpos. Nadie ha sido capaz de decir: «yo ordené la destrucción».  En los 150.000 folios del sumario del 11-M no consta orden de destrucción de los trenes. Y dices: «un momento, ¿Si no consta orden judicial de destrucción de los trenes, como es posible que alguien se atreviera a destruirlos? Pues eso es lo que estaba investigando la juez Coro Cillán y le han cerrado la causa de la noche a la mañana. Supongo que hay alguien que no quiere que se responda a esa pregunta porque claro, en el momento en el que alguien se responsabilice de haber dado la orden de destruir los trenes, la siguiente pregunta que hay que hacerle a esa persona es: ¿Y usted por qué da esa orden que contraviene la ley de enjuiciamiento criminal, que obliga a mantener las pruebas de un atentado, y más si es el atentado mayor en la historia de Europa?

Finalmente, sobre la posibilidad de que alguien acabe ‘cantando’ y aportar nuevos datos, aduce que:

Cuando los primeros testigos se decidan a hablar, todo irá de manera muy rápida porque todo el mundo es consciente de que cuando alguien empieza a hablar el último en hablar es el que la pringa. Entonces, bueno, cuando se rompa el muro de silencio de personas que participaron en esa tarea de ocultación -contra su voluntad o cumpliendo órdenes- iremos rápido. Es importante que desde las instancias públicas, desde el Gobierno, desde la Fiscalía General del Estado, desde el Ministerio del Interior, el Ministerio de Justicia, se trate de animar a que se produzca esa, en fin, catarsis colectiva que representaría el que la gente que sabe cosas empiece a contarlas.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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