La Policía no encontró un sólo rollo en posesión del acusado

Es España, no un chiste: Piden dos años y medio de prisión a un acusado de robar papel higiénico

Y mientras tanto, los políticos corruptos siguen yéndose de rositas

Ni están todos los que son, ni son todos los que están

Un fiscal pide dos años y medio de cárcel para un presunto peligroso ladrón de unos cuantos rollos de papel higiénico en uno un centro comercial de Vigo. Para que luego se queje el personal de la inoperancia de la Justicia española.

Ni siquiera le han pillado con las manos en la masa o con el cuerpo del delito cumpliendo su papel (y nunca mejor dicho) en esa parte del imputado donde la espalda pierde su noble nombre.

Pero señoras de la limpieza, diligentes guardias de seguridad y testigos circunstanciales, interrogados por el astuto representante de la Fiscalía, han permitido a la acusación basarse en indicios suficientes para considerar al «presunto inocente» culpable de ese robo del siglo.

DOS MINUTOS DE GLORIA PARA UN FISCAL

¿A que podría ser el argumento de una disparatada película de Woody Allen? Pues no lo es. Se ha producido en la vida real, durante un juicio en el Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo, cuya jueza titular se encontró con el marrón de deshojar la margarita de si mete o no entre rejas a un pulcro sin techo, eso sí, con el agravante de cuidar de su higiene personal por cuenta ajena.

España ‘is diferent’. Pero Galicia, como la definía hace años Anton Reixa, es un «sitio distinto». Con unos cuantos vídeos que recogen al imputado por los corredores, entrando en los lavabos y con una mochila abultada que, la única vez que la registraron, dejó a los guardias de seguridad compuestos y sin cuerpo del delito, el señor fiscal vio hueco para alcanzar dos minutos de gloria aplicando todo el peso de ley sobre un presunto e inofensivo ladrón de papel higiénico.

«Yo sólo acudía a los lavabos del Centro Comercial a asearme por las mañanas», declaraba ante su señoría el presunto peligroso delincuente sin techo al que, el fiscal, quizá en una encomiable pirueta judicial para libarle de la intemperie, está decidido a acogerle en la cárcel.

¿ESTÁN TODOS LOS QUE SON?

Vivir en España es francamente emocionante. Un paraíso de contrastes y paradojas que no permiten al personal caer en el aburrimiento.

Lo mismo te sorprende un Gobierno Zapatero indultando a la mano derecha podrida de Emilio Botín, que el Gobierno Rajoy reduciendo el laberíntico y extenso caso Gürtel a tres o cuatro tipos en chirona. Los ERE de Andalucía, tras una minuciosa Comisión de Investigación en el Parlamento andaluz, se van a despachar con una o dos cabezas de turco.

A los «jetas» de las Cajas de Ahorros españolas es posible que se les pueda caer la cara de vergüenza (si les queda algo de ese material tan escaso en España), pero da la sensación de que no se les va a «caer el pelo» ante los tribunales.

A los Sánchez Gordillo que entraron a saco en supermercados, igual tienen suerte y el día que los juzguen resulta que la Ley no tiene el mismo peso para un fiscal andaluz que para un fiscal de Vigo.

El número de corruptores y corrompidos que andan sueltos por las calles de España, podrían entrar en el libro Guiness de los record…

Eso sí. Salvo que la jueza del Juzgado de lo Penal nº 1 de Vigo decida apartar de sí ese cáliz que le ha endiñado la acusación, cualquier día España se acuesta tranquila, sin alarma social, sabiendo que un peligroso ladrón de rollos de papel higiénico está al fin en la cárcel.

Al poeta Ramón de Campoamor le inspiraron los manicomios, en pleno siglo XIX, para hacer una de sus más populares reflexiones transmitidas de generación en generación:

«Ni están todos los que son, ni son todos los que están».

Al mismo poeta, en el siglo XXI, le habrían inspirado las cárceles de España.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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