CARTA DE RUBÉN MÚGICA A SU PADRE ASESINADO POR ETA

Rubén Múgica: «Para qué querrán tanta paz, si los muertos os limitabais a aguardar el turno de vuestro asesinato»

"Los tuyos seguimos como hace dieciocho años: ni olvidamos ni perdonamos"

Rubén Múgica: "Para qué querrán tanta paz, si los muertos os limitabais a aguardar el turno de vuestro asesinato"
Rubén Múgica y su madre, Madre del Carmen Heras. EP

Los tuyos seguimos como hace dieciocho años: ni olvidamos ni perdonamos

Rubén Múgica es hijo del socialista Fernando Múgica Herzog, asesinado por ETA un 6 de febrero de 1996 de un tiro en la nuca en plena calle delante de su propio hijo José María.

Dieciocho años después, este abogado víctima del terrorismo y afiliado de UPyD en Guipúzcoa le recuerda a través de esta emotiva carta que publica Periodista Digital:

Shalom, Fernando:

Hoy hace dieciocho años fuiste asesinado por ETA en San Sebastián. Te acecharon desde un portal, salieron a la acera tras tu paso y te dispararon a su manera: por la espalda. Días después hicieron pintadas en la casa familiar, escupieron a tu viuda por la calle y a tus tres hijos nos pusieron escolta policial.

Algunos llaman a eso conflicto, y los más pretenciosos hablan de conflicto irresuelto, o algo así de hueco. No fuiste el primero ni el último: muchos fueron asesinados antes, y muchos después.

Dispongo de pocas líneas, y sólo puedo mencionar a los heridos, a los amenazados, a los extorsionados, a los silenciados, a los que hubieron de marcharse, y a todos los que de mil maneras han padecido la persecución totalitaria de estos aldeanos embrutecidos alrededor del crimen y de la sangre.

Más de uno querrá partirme la cara por escribir así en San Sebastián, ahora que la mugre política y la manoseada corrección imponen el idioma de la paz, la convivencia, la normalización, la reconciliación, e incluso las pomposas sensibilidades; como si los pistoleros tuvieran alguna.

Trampas del lenguaje de cartón−piedra, empleado con fingida solemnidad por los que desviaban su mirada ante los cadáveres; los que nunca tuvieron que mirar a sus espaldas o los bajos de su coche, ni callar, ni bajar la voz, ni buscar compañías discretas a las que confiar sus opiniones.

Nunca nadie les ofendió, ni lo temieron, e incluso de algún crimen tuvieron noticia en la sidrería o al volver de la playa. En su indolencia sugieren que las víctimas del terrorismo somos un obstáculo para eso que llaman paz: paz por aquí, paz por allá, paz a todas horas, paz hasta en la sopa, paz vestida de fiesta con procesos, ponencias y foros.

Ponen la guinda unos telepredicadores que suelen visitarnos desde lugares remotos, con amplias sonrisas y mayores bolsillos.

Para qué querrán tanta paz, me pregunto, si los muertos os limitabais a aguardar el turno de vuestro asesinato, ordenadamente y sin protestar; cada uno a su tiempo, cada uno en su lugar.

Los tuyos seguimos como hace dieciocho años: ni olvidamos ni perdonamos. Expresión de un pasado que no añoramos, que lanzamos al futuro para que la memoria permita siempre identificar y señalar a los criminales. Y desde la acera en que fuiste derribado, frente a los profetas de una paz de neón.

Lejaím [Por la vida], Fernando.

*En 2006 Txapote fue condenado a 82 años de cárcel por considerarse probada su participación en dicho crimen, que fue ordenado por el terrorista José Javier Arizkuren Ruiz, alias ‘Kantauri’.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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