"¡TE VAMOS A MATAR, PUTO MARICÓN!"

Cuatro rateros dan una paliza de muerte a un policía nacional en el Metro de Madrid… ¡y los dejan libres!

"Se iban pasando la porra unos a otros, hasta que se rompió de los golpes que me propinaron"

Cuatro rateros dan una paliza de muerte a un policía nacional en el Metro de Madrid... ¡y los dejan libres!
El logotipo del Metro de Madrid. MD

Casi no lo cuenta. Le han partido en las costillas la defensa extensible que le arrebataron en la frustrada detención que intentó llevar a cabo fuera de servicio, tras identificarse con su placa. Las patadas y puñetazos que recibió a mansalva le tienen de baja desde hace ya diez días. Y aún le queda para recuperarse.

Es D. M., de 36 años, que lleva casi quince en el Cuerpo Nacional de Policía, -ahora destinado en la Brigada Móvil-, protagonista de un suceso que enerva a propios y extraños, y que tuvo como escenario al ‘descontrolado’ Metro de Madrid en la mañana del 17 de abril de 2016.

Sus agresores son Alfonso Carrero Fernández, de 22 años y con antecedentes por un delito contra la salud pública; Javier Sainz-Ezquerra García (18), fichado antes por lesiones; José Ortiz Abad (23), arrestado anteriormente por robo con violencia, resistencia y desobediencia, y Talia González González (25), con antecedentes por robo de vehículo.

Se les imputa por hurto, atentado a agente de la autoridad y lesiones… pero han  sido puestos en libertad por el juez, al no solicitar prisión preventiva la Fiscalía.

LOS HECHOS

Tal y como relata Carlos Hidalgo en ‘ABC’, el curtido agente observó a los mentados facinerosos en la línea 3 del suburbano, a las siete y media de la mañana:

«Regresaba a mi casa y bajé al Metro de Sol. Cuando me metí en el vagón, vi a un grupo de cuatro jóvenes, tres chicos y una chica, y no me gustaron, porque iban recorriendo todo el convoy, fijándose en la gente que iba dormida o bebida.

En cuatro o cinco segundos se pusieron en torno a una joven que estaba dormida, tapándola. Vi entonces cómo uno de ellos se metía un teléfono móvil, con una funda rosa y un cable rizado, por debajo de su pantalón, por la parte de detrás».

Así, decidió llamar a la sala del 091 para dar cuenta de lo ocurrido, y para que se alertara a los vigilantes de seguridad. Al llegar el tren a Lavapiés, según se hace eco el citado medio, los delincuentes se apearon, y D. M. les siguió.

Se cambiaron de andén, para volver a coger el Metro, en dirección opuesta. Subieron entonces a otro convoy.

«Cuando llegamos de nuevo a Sol, me identifiqué como policía y les hice bajar al andén. Les dije que se identificaran, y se negaron. Entonces, le pedí al que había robado el móvil que me lo diera. Pero sacó el suyo propio: Este teléfono es mío, me respondió».

PALIZA AL CANTO

Tras mostrarle su placa comenzó el aluvión de insultos y golpes:

«¡Déjanos en paz, madero de mierda. ¡Tú no estás trabajando, déjanos en paz! Vas a acabar mal».

El policía intentó entonces pararles el paso y detenerlos, pero se resistieron. Eran cuatro contra uno. D. M. sacó entonces su defensa extensible, y se la arrebataron. Se encontraban entre la escalera y el rellano de la estación de Sol:

«Me pegaron con la defensa y me protegí como pude. Caí al suelo. Fueron dos minutos de puñetazos, patadas… Se iban pasando la porra unos a otros, hasta que se rompió de los golpes que me propinaron. Llega a ser una barra de hierro, y no lo cuento. ¡Te vamos a matar ¡Tú no eres policía, eres un puto maricón!, gritaban. Un viajero se acercó a defenderme, pero el que había robado el móvil quiso pegarle, así que me ayudó distrayéndolos. Y llegaron los vigilantes y mis compañeros, que los detuvieron».

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