Las reclusas de la cárcel de El Acebuche, la quisieron recibir con carteles y dibujos de pescaítos

La presa asesina que tiene que aguantar los humos de una dopada Ana Julia

Fuma sin parar, toma ansiolíticos y antidepresivos y se encuentra apartada del resto de presas del módulo de mujeres del centro para proteger su integridad física

La presa asesina que tiene que aguantar los humos de una dopada Ana Julia
Ana Julia Quezada TW

Ana Julia Quezada, la asesina confesa del pequeño Gabriel Cruz, se encuentra aislada en una zona de la prisión almeriense de El Acebuche, (se ha vaciado un pasillo completo), vigilada en su celda por una ‘presa sombra’  -una reclusa de confianza que la vigila como parte del protocolo antisuicidios-. (La macabra burla de una diabólica Ana Julia a los padres del pequeño Gabriel).

Fuma sin parar, toma ansiolíticos y antidepresivos y, según Esteban Hernández Thiel, su abogado, se encuentra apartada del resto de presas del módulo de mujeres del centro para proteger su integridad física y con una interna de confianza «para que no haga una locura». (Ana Rosa Quintana sigue a Ana Julia a República Dominicana y se lleva la sorpresa de su vida).

La mujer que cuida a la dominicana es una mujer argentina de 46 años, que cumple condena desde hace más de 10 por asesinar a su marido. (El poeta y ex candidato de IU Luis García Montero la lía parda: «¿Todos somos Gabriel? No, más bien todos somos Ana Julia Quezada»).

Ana Julia pasa la mayor parte del tiempo en su celda, en la que tiene televisión, y tiene horarios separados tanto para salir al patio a tomar el aire como para la zona de comedor del penal.

Quezada se puso en contacto con su familia en República Dominicana, con su madre, en concreto, según ha desvelado el programa Espejo Público, para pedir dinero. «Necesito dinero», habría dicho a su familia a la que ha pedido perdón por haber «tirado el apellido por el suelo». La respuesta de la familia, según Antena 3, habría sido firme y rotunda: «Que Dios te perdone lo que has hecho».

Las reclusas de la cárcel la quisieron recibir con carteles y dibujos de pescaítos, el símbolo de la búsqueda del pequeño. Sin embargo, los funcionarios de prisiones les obligaron a retirarlos ante su llegada.

Según ha informado el programa Espejo Público, las prisioneras de este centro penitenciario querían mostrar su implicación en el caso del pequeño Gabriel. Ana Julia está «menos angustiada que cuando estaba en dependencias policiales, más tranquila y serena», según su propio abogado, Esteban Hernández Thiel.

Este penal, cercano a la autovía del Mediterráneo, tiene una población femenina de 60 reclusas. Hay cincuenta celdas para mujeres en forma de «L». La mayoría de los cubículos -que conformarían la parte larga de la letra- da al patio central. El resto de celdas forman parte de un área separada y aislada.

Los letrados encargados de su defensa, el mentado y Beatriz Gámez, también han mostrado su preocupación por las circunstancias que rodearán el proceso judicial del caso. «Conseguir un jurado que no esté influido va a ser complicado», ha afirmado Gámez.

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