CRIMEN Y CASTIGO

La chavala de la Guardia Civil que cazó como un conejo al asesino ‘Josu Ternera’

La chavala de la Guardia Civil que cazó como un conejo al asesino 'Josu Ternera'
Agentes femeninos de la Guardia Civil y el etarra Josu ternera. EP

Le tiene que haber jodido y mucho (Alfonso Ussía le canta las verdades del barquero al vil Eguiguren por su «abyección prostituida» de alabar a Ternera).

Tan chulo, tan machista, tan sobrado y a la hora de la veredad, lo atrapa una chavala que andaba por allí, disimulando (Gobierno ZP: la juez francesa atribuyó al CNI el chivatazo a Ternera desde Kenia que permitió su fuga en 2011).

Y encima, cuando la agente de la Guardia Civil, que apenas tiene 23 años y parece mucho más niña, lo engancha por el brazo y lo detiene, el asesino Josu Ternera ni reacciona; se queda paralizado como un conejo (El titular de la BBC sobre ‘Josu Ternera’ es para cagarse en la madre que los parió).

Lo revela este 19 de mayo de 2019 en ‘El Mundo’ la periodista Angeles Escrivá, la número 1 en estos temas:

  • Una guardia civil, experta en identificación facial, que llevaba una muleta con cámara fingiéndose enferma, fue quien finalmente cazó al terrorista fugitivo cuando entraba en un hospital de Francia a las 7.14 horas del jueves.
  • Se separó unos metros de la puerta levantando la barbilla, mirando hacia todas partes como si estuviese esperando a alguien que se hubiera olvidado de recogerla.
  • Nadie a la vista y de nuevo regresó caminando despacio hasta el umbral del hospital. Eran las seis de la mañana y llevaba ya una hora yendo y volviendo. Escrutando el discurrir de los coches de la carretera de acceso, fijándose en quienes se acercaban desde el aparcamiento más próximo, sin poder reprimir, de vez en cuando, un pequeño gesto de dolor.
  • Todavía no se había acostumbrado a llevar aquella muleta que, a veces, más que ayudarla en sus idas y venidas, interfería en su modo de caminar de natural atlético. «Si no fuera por esta maldita muleta…», parecía pensar.
  • Era rubia, delgada e insultantemente joven: 23 años. Algo en sus gestos revelaba que fuera lo que fuera lo que la tenía esperando, no había logrado sacarla de sus casillas. Los nervios contenidos, la mirada avizora. Por si acaso. Ya habían pasado más de dos horas desde el inicio de su guardia y, de repente, exclamó: «Es él». No dudó ni por un segundo.
  • Ella dijo un «es él» rotundo y sin vacilar. Se aproximó con rapidez al tipo fibroso, extremadamente delgado, que se acercaba con una mochila a la espalda y, en su determinación, tiró al suelo la muleta con cámara incorporada que había estado arrastrando durante toda la mañana, se aseguró de que tenía a mano la pistola y le agarró del brazo.
  • Durante unos segundos que parecieron años nada se escuchó al otro lado de los auriculares. Hasta que ella, con Josu Ternera bien sujeto, confirmó: «Es él, lo tenemos». Eran las 7.14 horas de la mañana.
  • En esos momentos, Josu Urrutikoetxea Bengoetxea, el terrorista más buscado, el último general de la desintegrada organización terrorista ETA, el hombre que se había zafado de comparecer ante un juez durante 17 años, ni siquiera se resistió. No negó su identidad, no dijo eso de «ustedes se confunden».
  • Sencillamente, se quedó clavado. En cuestión de segundos, todos los agentes de inteligencia franceses que estaban camuflados en los alrededores del aparcamiento del moderno hospital de Sallanches, los guardias civiles que participaban en el operativo de incógnito, se apresuraron a ayudar a la agente española que sujetaba con firmeza al terrorista.

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