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La hemeroteca lo fulminó.
El 31 de mayo de 2018, José Luis Ábalos subía a la tribuna del Congreso de los Diputados convertido en el escudero de Pedro Sánchez.
Defendía la moción de censura contra Mariano Rajoy (Partido Popular) tras la sentencia del ‘caso Gürtel‘. Aquel día pronunció hasta 14 veces las palabras «corrupción» o «corruptos». Su mensaje fue rotundo y moralizante:
No podemos tolerar la corrupción y la indecencia como si fuera algo normal. No podemos normalizar la corrupción en nuestras vidas ni en las instituciones. La corrupción no puede ser algo inevitable, pero desde luego nunca será justificable.
Ábalos habló de «recuperar la dignidad de nuestra democracia, de sacar la corrupción de la política» y cargó sin piedad contra el PP:
Gürtel era el PP y el PP era Gürtel.
Acusó al Gobierno de Rajoy de haber creado un «círculo perfecto de corrupción» y exigió decencia:
La decencia debe ser algo esencial, no accesorio.
Siete años después, aquellas palabras regresan como un boomerang de proporciones épicas.
Este martes 7 de abril de 2026, José Luis Ábalos se sienta en el banquillo del Tribunal Supremo acusado de presunta corrupción en el llamado ‘caso Koldo’. Junto a su exasesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama, el exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE afronta una causa por delitos de cohecho, malversación, tráfico de influencias, prevaricación y pertenencia a organización criminal, entre otros.
La Fiscalía pide para él 24 años de cárcel. Otras acusaciones populares elevan la petición hasta los 30 años. Se le imputa haber participado en una trama que presuntamente amañó contratos de compra de material sanitario durante la pandemia por valor de decenas de millones de euros, con comisiones ilegales incluidas.
Ábalos llega al juicio en prisión preventiva, desde la cárcel madrileña de Soto del Real. El proceso, que se extenderá durante varias semanas con decenas de testigos, marca el primer gran juicio contra un exministro socialista en el Supremo por corrupción vinculada a la gestión de la Covid-19.
El contraste resulta demoledor. El mismo hombre que en 2018 exigía a Rajoy «la decencia política de dimitir» y afirmaba que «la estabilidad es incompatible con la corrupción», hoy se enfrenta a la Justicia precisamente por presuntos delitos de corrupción mientras ocupaba un ministerio con uno de los presupuestos más abultados del Gobierno.
El vídeo de su intervención en la moción de censura volvió a circular masivamente en redes en las últimas semanas.
Rajoy, aquel día, ya lanzó una advertencia premonitoria cuando respondió a Ábalos: para dar lecciones de decencia y corrupción hay que estar en condiciones de darlas.
Mariano Rajoy 2018. pic.twitter.com/FOLgBeVmqt
— xiki (@__Xiki_) November 27, 2025
Hoy, mientras Ábalos guarda silencio en sus comparecencias judiciales y se mantiene en prisión, aquellas frases de 2018 resuenan con fuerza en la hemeroteca. Frases como «los españoles no podemos tolerar la corrupción como si fuera algo normal» o «la corrupción destruye la fe en las instituciones» se han convertido en material viral incómodo para el PSOE.
El juicio no solo decidirá el futuro judicial de Ábalos. También pone bajo el foco la coherencia entre el discurso moral que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa y la realidad de algunos de sus hombres de confianza años después.
La hemeroteca, una vez más, no perdona.