Rosa Villacastín – ¿Cuándo ellas, ricas y famosas, con jóvenes?


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Juventud, divino tesoro. Este axioma que nos trae recuerdos de colegio de monjas, tiene hoy una traducción más seglar. Cómo les gustan a los hombres las jóvenes y cuánto los maduros a las más jóvenes. No hay más que echar un vistazo a las páginas de sociedad para comprobarlo.

Hace días, en una reunión de amigas, una nos preguntó si alguna sabía dónde poner el límite entre la juventud y la madurez.

La pregunta nos dejó un poco perplejas porque tiene tantas respuestas como queramos darle. Hay gente de ochenta con espíritu de veinte, y gente de veinte con espíritu de ochenta. Sin embargo, lo cierto es que en la sociedad del siglo XXI hay una sobrevaloración de la juventud, salvo que la madurez vaya acompañada de una buena posición social y económica.

Pero esto también sucedía en el XX y en el XIX y no hay más que adentrarse en la literatura romántica de cualquier época y ver como los galanes maduros bebían los vientos por una mujer mucho más joven que ellos. Y no digamos ya si son adinerados.

Es un lugar común que, al contrario que a las mujeres maduras y con dinero, a los hombres de su misma edad y situación les gustan las jóvenes. Un fenómeno en auge al que no creo que haya que buscar más explicación que el magnetismo que sobre ellos ejerce la carne fresca y tersa.

A las pruebas me remito: Tal es el caso de Juan Villalonga, a quien conocí cuando era presidente de Telefónica -un puesto que había conseguido gracias a los buenos oficios de su compañero de pupitre José María Aznar-, y se pavoneaba por Madrid con toda la soberbia de quien se sabía a buen recaudo gracias a su cercanía al poder político y económico del momento.

Pasados los años, Villalonga ha vuelto a España convertido en un hombre nuevo. Más sereno, peinando canas, acompañado de su segunda esposa, y de sus tres hijos.

Dicen quienes le conocen que la artífice de ese cambio ha sido Adriana Abascal, la que un día fuera Miss México y compañera sentimental del magnate Emilio Azcárraga, el dueño y señor de Televisa, quien además de haberle dado la estabilidad sentimental al valenciano, le ha pulido físicamente y socialmente.

Villalonga no es el único a quien la cercanía de una mujer joven y bella le ha cambiado el «chip» de la vida. Otros antes y después que él siguieron la misma senda hasta alcanzar la felicidad.

Tal es el caso de Alberto Cortina, Alberto Alcocer, Fernando Fernández Tapias o José María Amusategui. Ellos lucen estupendamente y ellas… también, como no podía ser de otra manera.

Pero ¿cuándo sucederá lo contrario? ¿Cuándo mujeres estupendas, con más de 50 años y buena cuenta corriente podrán ser acompañadas de bellos jóvenes, carne fresca masculina, sin confundirles con sus hijos o nietos o sin que se les considere gigolós?

¿Llegarán a ser portadas de las revistas o tendrán que seguir escondiendo su amor -porque amor también hay en esas circunstancias- en restaurantes y móteles de extrarradio? ¿Coincidirán en las bodas de sus hijos con una pareja semejante a la que acompaña a su ex? ¿Por qué no?

Rosa Villacastín.

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