Victoria Lafora – Los empecinados


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Poco a poco, como con desgana, con apatía, con abulia, la Ley de Memoria Histórica da algún que otro fruto. Mientras que Bono se niega a retirar los cuadros de los presidentes franquistas, afirmando que forman parte de nuestra historia , el pleno del Ayuntamiento de Sevilla, con los votos del PSOE, IU y el PP, decide retirar el título de hijo adoptivo de la ciudad al general Gonzalo Queipo de Llano, considerando escasos sus méritos para poseerlo.

Para Rafael Alberti el único mérito del general golpista era el de rebuznar en las ondas de radio Sevilla. Y hay que felicitar sin duda a los tres partidos porque, sobre cualquier otra disquisición, se dejaron llevar por la lógica. Cosa poco común en estos tiempos que corren.

Porque este hecho se convierte en noticia, fundamentalmente, ante la reticencia y el empecinamiento de otros muchos ayuntamientos y diputaciones, como la de Alicante, por ejemplo que, con los votos del Partido Popular, rechazó retirar los honores concedidos a Franco, alegando que «ya está muerto y enterrado, y que este asunto no le quita el sueño a nadie».

También podrían haber dicho, siguiendo el razonamiento del Presidente del Congreso, que Franco forma parte de nuestra historia.

Cosa por otro lado evidente; como Adolf Hitler forma parte de la historia de Alemania o Benito Mussolini de la de Italia y, que sepamos, sus estatuas no se ven en ninguna plaza ni son hijos adoptivos de ningún pueblo. El problema es el empecinamiento con que los políticos se empeñan en mantener y no enmendar posturas.

Federico Trillo, tras darse a conocer la sentencia del 11-M, sigue insistiendo en que nada se sabe de la autoría intelectual de los atentados.

O sea que vuelve a dejar abierta, con el beneplácito oficial de su partido, la puerta de la teoría de la conspiración, como ya lo hiciera Maria Dolores de Cospedal al afirmar en la Cope que «los españoles tenemos derecho a conocer lo que pasó. Queremos que se sepa toda la verdad», como si alguien tratara de ocultarla.

No son conscientes estos políticos del daño que les hace el empecinamiento; de hasta qué punto los españoles castigan esas insistencias. Como tampoco pareció ser consciente el Presidente Zapatero al empeñarse en negar la evidencia de la crisis.

Y su empecinamiento le ha llevado a otra crisis propia e intransferible: la de su credibilidad.

Victoria Lafora.

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