Esther Esteban – Más que palabras – El macrobotellón de Zapatero


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El presidente del Gobierno sigue con la resaca de esa macro-celebración de los cien días, donde los suyos le han elevado un nivel por encima del común de los mortales, situándole en el camino de la levitación.

Dicen que la cosa no pudo ser más inoportuna teniendo en cuenta que el «festorro» coincidió -!qué mala pata!- con el entierro de nuestro querido «superávit», ése que le ha dado oxígeno al Gobierno para mantener el discurso de que la buena gestión de las vacas gordas nos permitían sobrevivir a las vacas flacas sin tener el agua al cuello.

¡Mal asunto cuanto la gran fiesta coincide con un funeral! y peor aún cuando en vez guardar la discreción durante el duelo la cosa se intenta tapar con un macrobotellón, de esos que molestan incluso a los más cercanos.

Tengo un amigo que dice que el problema de Aznar, en su segunda legislatura, es que tuvo una borrachera de votos y ni supo administrar la resaca, ni intentó disimularla con la austeridad del castellano viejo, tal como se esperaba de una personalidad como la suya.

Es cierto que al presidente del PP la mayoría absoluta se le pudo subir a la cabeza y con el subidón se creyó, probablemente, que era un super héroe capaz de salvar al mundo, conseguir a la chica y situarse por encima del común de los mortales.

Zapatero no ha tenido la suerte de que las urnas le dieran una sobredosis pero da la sensación de que puede estar afectado del mismo mal. Solo así se entiende que en plena crisis económica, con un desempleo imparable, las cuentas en déficits, la afiliación de la Seguridad Social cayendo, el Euribor disparado y el consumo desplomándose, el cuerpo les pida juerga a los socialistas.

¿Celebrar qué? se preguntaban los editorialistas de los periódicos más importantes y no les faltaba razón.

Dicen los expertos en psicología y conducta humana que cuando hay una perdida personal importante, como puede ser la muerte de un ser querido, es necesario pasar el duelo para recuperarse y poder superar la melancolía cuanto antes.

Nadie puede salir del «sitio oscuro» sino acepta la muerte y se empeña en vivir como si nada hubiera cambiado y menos aún si, para olvidar, va de fiesta en fiesta para dar la sensación de que todo sigue igual. Algo así le ocurre al inquilino de la Moncloa…

Se niega a aceptar que la etapa de vino y rosas ha muerto y en vez de guardar el duelo correspondiente y prepararse para un nuevo ciclo -donde ya no valen las vivencias anteriores- se da un homenaje para que todos crean que han sido cien días de gloria cuando lo que han sido son tres meses para olvidar, corregir y enmendar.

Rajoy ha dicho que a Zapatero «se le ha acabado vivir del cuento» y si de cuentos se trata lo peor que nos puede pasar es que nos ocurra como a la protagonista de la fábula de la lechera que de tanto soñar y soñar terminó derramando la leche y quedándose con las manos vacías y las esperanzas rotas. Alguien debería aplicarse de inmediato la moraleja.

Esther Esteban.

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