Pedro Calvo Hernando – Estas tórridas tardes


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

En estas tórridas tardes de 40º a la sombra le da a uno por pensar en cosas extrañas, cuando el culebrón de De Juana Chaos de nuevo se torna prometedor. Vamos a ver si la carta del homenaje la escribió o no Iñaki de Juana o si la carta tiene contenidos delictivos, que a lo mejor ni lo uno ni lo otro, o lo uno sí y lo otro no, o las dos cosas sí. Es una válvula de escape para la tragedia de Calixto y Melibea de la crisis económica, el paro y la subida de precios.

Pero en estas tórridas tardes, como digo, de pronto me da por pensar que no hay nada con De Juana o que este individuo desaparece de nuestra vista, que es de lo que se trata, y se larga al extranjero para siempre jamás. También me asaltan otros pensamientos, éstos relacionados con la crisis. Por ejemplo, que llega un día no muy lejano en que las cosas empiezan a cambiar y que dentro de unos meses o de un año, la crisis comienza a esfumarse o va desapareciendo. Yo deseo las dos cosas, la desaparición de Iñaki de Juana y la solución de la crisis. ¿Todo el mundo quiere lo mismo?

Pues los terribles calores de estas tardes me dicen que no, porque eso supondría la desaparición de importantes motivos para estar dándole a la matraca constantemente, contra el Gobierno, claro, sobre todo en el caso de la crisis, pues en lo del terrorismo parece que nos hemos caído del burro y nos hemos dado cuenta de que este Gobierno aborrece el terrorismo como los demás, lejos de lo que se pensaba y se decía hace sólo unos meses, y durante cuatro o cinco años, cuando aquello de vender Navarra a ETA, ofender la memoria de las víctimas, arrodillarse ante los terroristas o canalladas por el estilo.

Ver que la crisis desapareciera mucho antes de la llegada de las elecciones generales de 2012 sería para muchos un suceso letal, insoportable, porque saldría volando por los aires el gran clavo ardiendo contra Zapatero y sus muchachos, ya que todos los demás clavos se esfumaron o fueron licenciados a mejor vida. No sé qué tienen, Dios sea loado, estas tórridas tardes, que me traen pensamientos tan aviesos. Pedro Calvo Hernando

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