Consuelo Sánchez-Vicente – Ande yo caliente…


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

El trasvase de cargos entre las distintas administraciones públicas crea situaciones paradójicas. Si alguien no puede ignorar que el polémico Estatuto catalán debe su existencia al empeño personal del presidente Rodríguez Zapatero es cualquiera de los ministros y las ministras de su primer Gobierno, que tuvieron la oportunidad de presenciar en silla de pista la representación completa de aquella peripecia.

Tan firme fue la voluntad política de Zapatero de sacarlo adelante que no dudó en romper el tradicional pacto estatutario que habían mantenido hasta entonces el PP y el PSOE con tal de conseguirlo. Pero, irritado por el incumpliendo de los plazos para poner en marcha la reforma de la financiación autonómica que prevé ese Estatuto, el entonces ministro de Industria de Zapatero y ahora presidente de la Generalitat de Catalunya ha acusado al Gobierno justamente de falta de voluntad política para desarrollarlo.

Montilla sabe perfectamente que el problema no es de voluntad sino de medios. Por poco que se fijase durante su etapa de ministro, Montilla sabe que la prioridad inexcusable del Gobierno de España es el interés general, y que si Zapatero remolonea ahora con el desarrollo del Estatuto catalán es, simplemente, porque cuesta un dinero extra que en estos momentos el Gobierno no puede darle a Cataluña sin desatender necesidades básicas que el principio de solidaridad interregional le obliga a preservar. La crisis está haciendo caer los ingresos, y los cheques electorales del 9-M se han merendado el superávit. Pero, como presidente de la Generalitat, a Montilla le interesa olvidar lo que aprendió como ministro.

La realidad es la misma. Pintan bastos para todos. Lo sensato sería afrontar la crisis juntos. Pero en esta España parcelada, a cada Gobierno autonómico sólo parece interesarle «su público». La solidaridad que en tiempos de bonanza permite compartir las alegrías, obliga cuando vienen mal dadas a repartir también los sacrificios, que los que tengan más ayuden a los más desfavorecidos.

Pero aquí cada «montilla» gobierna para «su público». Aunque pertenezcan al mismo partido, lo que les importa es su trocito de poder, no el país, la esquinita del mapa donde sientan sus reales, no España. Puede que Zapatero se haya ganado el solito la soledad en que se encuentra, pero da mucha pena que España, hoy, sólo vibre al unísono ante las victorias deportivas.

Consuelo Sánchez-Vicente.

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