Francisco Muro de Iscar – El grano de Montilla


MADRID, 10 (0TR/PRESS)

José Montilla, cordobés, catalán, español, ex ministro de Zapatero, actual presidente de la Generalitat, sabe bien dónde está y qué intereses defiende. Acaba de acusar gravemente al Gobierno de su jefe político de querer asfixiar a Cataluña, y Castells, el consejero catalán de Economía, ha amenazado con que los diputados del PSC no votarán los Presupuestos Generales del Estado para 2009 si a Cataluña no le dan lo que figura en el Estatuto, es decir, aquello que Zapatero se comprometió a cumplir.

Y el tripartito catalán- PSC, IU y ERC- cuenta, además con el apoyo de CiU, dispuesta a radicalizarse lo que sea necesario y a hacerle pagar a Zapatero el apoyo que en su día prestó para sacar adelante ese Estatuto que está pendiente de resolución del Tribunal Constitucional.

De ese Estatuto vienen estos problemas. Zapatero prometió que aceptaría el Estatuto que saliera del Parlamento catalán y no lo hizo; pactó con CiU a espaldas del PSC; abrió el debate de la financiación autonómica en el peor momento; y, ahora, trata de diluir lo que fija el Estatuto y ganar tiempo.

El objetivo es, siempre negar la mayor y ganar tiempo. Leire Pajín, que se conoce al pie de la letra el ABC del buen dirigente socialista, ha dicho lo que toca en estos casos: «el Gobierno ha cumplido, cumple y cumplirá el Estatuto». Y con eso, todo está solucionado. La vicepresidenta Fernández de la Vega ha criticado los «excesos verbales» de Montilla, pero no es eso lo que más preocupa en Moncloa.

El miércoles, cuando el presidente del Gobierno se reúna con el vicepresidente Solbes y los ministros económicos para constatar que las cosas no mejoran por sí solas, tendrá que poner sobre la mesa una pregunta directa: «¿qué hacemos con Montilla». La respuesta no es fácil.

Aunque Montilla es un hombre de partido y ha controlado férreamente al PSC, la respuesta no es fácil, si no le dan lo que pide, no puede quedarse quieto. Y Zapatero corre diversos peligros: que no cuente con los votos del PSC y que los Presupuestos no se aprueben; que se forme un «cuatripartito» de intereses en Cataluña con la suma de CiU; que se enconen las relaciones Cataluña-España…

Montilla no es un enemigo fácil. Hace algún tiempo, en un desayuno en el que él intervenía, le pregunté a un prestigioso periodista, qué le había parecido Montilla y coincidimos en el diagnóstico: «Es un killer», me dijo. «Es frío, no le tiembla la mano, no se inmuta, no parpadea. Si no tiene nada que decir, se calla. Pero si habla, sólo dice lo que quiere decir. No me gustaría tener que enfrentarme a él en situación de desigualdad». Al Gobierno, que apenas tiene problemas, le ha salido un grano. Se llama Montilla, José Montilla.

Francisco Muro de Iscar.

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