Carlos Carnicero – La recomposición del cisma catalán


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

El control del partido es el punto fuerte de José Luis Rodríguez Zapatero. En esas artes políticas no tiene competidor. Y además está acompañado por el talento y el control de de la organización que tiene José Blanco. Desde esos parámetros, el presidente y secretario general del PSOE tiene claras dos cosas: no se puede permitir una ruptura con el PSC y, al mismo tiempo, dejar que este pulso de partido a partido lo gane José Montilla sería abrir un camino sin retorno de disociación dentro del socialismo español. Necesita recuperar el consenso.

La deriva catalanista (es una forma piadosa de referirse a este nuevo nacionalismo) del PSC es difícilmente reversible porque sus líderes están obsesionados con que la centralidad que desplaza a CiU del monopolio del nacionalismo es la base para la ocupación del poder. Y hoy en día, en política todo es el poder y casi nada la ideología. Además, el asunto es mucho más grave desde el punto de vista de que una generación de inmigrantes no nacidos en Cataluña dirige el PSC y la Generalitat.

Lo que ha sido una conquista ha tenido un precio excesivo: para ser aceptados, los inmigrantes han tenido que administrarse una sobredosis de nacionalismo. Pura tecnología de converso. Las hogueras de la Inquisición las prendían los cristianos nuevos. Ahora, los nuevos catalanes pugnan por su amor a Cataluña para desplazar a los hijos de la burguesía nacionalista de Barcelona. Nada nuevo. El resultado es patético pero imparable. Ver emocionarse a Montilla afirmando que quiere mucho a Zapatero pero todavía más a Cataluña convierte la política en pura telenovela.

Pero el quid de la cuestión está en averiguar de quién son los votos que hacen que los socialisas arrasen en las elecciones generales. El reclamo del dinero siempre moviliza las más bajas pasiones. Desde empresarios a sindicatos, desde nacidos en Cataluña a hijos de inmigrantes. Si la ecuación establecida es que la catástrofe de los servicios públicos de Cataluña -cosa harto dudosa- es por falta de recursos desviados desde el estado a otras comunidades, lo normal es que quien siembra esa indignación recoja adhesiones nacionalistas.

Un juego muy peligroso pero que alivia de responder por las malas gestiones de las administraciones de Pujol y Maragall obsesionadas con el reclamo identitario. A la larga esa disociación entre España y Cataluña es perjudicial también para Montilla, cuyo valor añadido es poder llenar el Palau con Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero como hermanos. Si la familia se rompe, incluso algunos miembros pueden no querer saber nada con ninguna de las ramas.

Carlos Carnicero.

ENCUENTRA LOS PRODUCTOS QUE TE INTERESAN

¡¡¡ BÚSQUEDA DE LAS MEJORES OFERTAS ONLINE !!!

Obtener los mejores resultados de tu búsqueda de productos

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído