José Cavero – Menos alegría, pero con actividad


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Ha dicho Pedro Solbes que «hay menos alegría, pero el país no está paralizado». Posiblemente sea difícil describir con menos palabras lo que está significando la crisis económica: parálisis o paralización no hay, no se percibe, pero sí es cierto que, en pleno agosto, existen menores alegrías en el gasto personal, por la sencilla razón de que hay menores posibilidades para complacer todas las apetencias que uno puede tener en el mes de vacaciones.

Eso se nota en menor afluencia a centros comerciales, a restaurantes, menor presencia en hoteles, y hasta menos viajes por carretera o en avión. Hay un turismo intocable, el de mucha gente que no ha sido tocada por esta crisis, y que mantiene los niveles «de siempre». Pero el turismo más habitual sí se advierte que ha decrecido en gastos.

La gran incógnita de la crisis sigue siendo la misma de siempre: ¿cuánto durará esta situación? Y pocos parece que tengan respuesta ajustada a esta cuestión esencial, en base a la cual se podrían determinar los plazos de los restantes factores: el gasto del ahorro personal, por ejemplo.

Las fuentes oficiales siguen insistiendo en que 2009 también será un año malo, o acaso un año peor que el actual, pero que en 2010 empezarán a resituarse las cosas y a volver a una situación anterior a la crisis.

Eso sí, habrá situaciones en las que no resultará fácil regresar «a lo de antes», y siempre se menciona la situación inmobiliaria y los setecientos u ochocientos mil pisos de construcción anual, que este año se habrán situado en no más allá de doscientos mil. Como mucho.

El año que viene, es probable que este sector todavía sufra de las mismas características que padece estos últimos meses: una retracción formidable y una amplia desconfianza, aunque ya se estén produciendo casos de inmobiliarias salvadas de la crisis o de inmobiliarias que comienzan a vender productos. Otras siguen buscando su fórmula particular, y parece que muchas están regresando a la banca, que se queda con promociones y terrenos para hacer frente a la morosidad.

Es decir, que la crisis inmobiliaria habrá servido para «depurar» con fuerza dos sectores al mismo tiempo, el inmobiliario propiamente dicho, y el de créditos a la construcción y adquisición de inmuebles.

La depuración, recuérdese, empezó con el cierre de muchísimos miles de oficinas y otros chirinquitos dedicados a la compra y venta de viviendas todavía sobre planos, y que eran fácil objeto de especulación y de inversión, pero también frecuentes razones para la elevación de los precios de la vivienda.

En cuanto a la «depuración» de créditos, se vio también cómo, con la mayor presteza, cajas y bancos cerraban cualquier posibilidad para seguir cediendo dinero a constructores, promotores, pero también a compradores de vivienda, temerosos, como está siendo, de que los índices de morosidad de multiplicaran por cuatro o por seis.

También será saludable, cuando termine de producirse, ese saneamiento de las entidades bancarias, que en muchos casos está pasando por la adquisición de inmobiliarias o de sus productos.

En el resto de la menor actividad que se aprecia hay mucha derivación de las dos crisis anteriores, vivienda y créditos. A medida que se vayan resolviendo, irá recomponiéndose el paisaje…

José Cavero.

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