Pedro Calvo Hernando – Una desgracia de todos


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Debo decirles que estoy sorprendido porque dos días después de la catástrofe de Barajas todavía no he visto que nadie le eche la culpa a Zapatero de lo sucedido. A lo más que se ha llegado ha sido a exigirle con palabras agrias lo que él ya había advertido desde el primer instante: que la investigación va a ser implacable y exhaustiva en todo aquello que dependa del Gobierno.

Pero atentos, que a lo mejor la acusación de culpabilidad está al caer, que nos conocemos muy bien y no vamos a desaprovechar fácilmente una oportunidad. Claro que el asunto se puede también volver por pasiva, como ya he leído en alguna parte. Es el tema del ahorro extremo de las compañías aéreas para eso de la mayor rentabilidad y de los excesos en seguridad relacionada con el terrorismo, en detrimento tal vez de la otra seguridad, la derivada de las condiciones de los aviones, su estado de conservación, la fecha de su puesta en funcionamiento y un largo etcétera, que nos lleva por regiones delicadas llenas de sugerencias y de reflexiones filosóficas sobre lo que verdad es importante, la vida de las personas.

El caso es que 153 personas han perdido la vida, pese a que a alguna de ellas sus familiares les dijeron por teléfono que abandonaran ese aparato cuando comunicaron con ellos al saber que había problemas, y no se les permitió salir de allí. Veremos quién responde de eso.

Algún familiar le espetó al presidente del Gobierno que ese avión nunca debió iniciar el viaje, a lo que Zapatero asintió, marcando, a mi juicio, una de las vías fundamentales de la investigación. Así que el Gobierno debe extremar el rigor y la empresa debe dar toda clase de explicaciones y no refugiarse en la ambigüedad o en los silencios, como al principio intentaba. Y los medios de comunicación tenemos el deber moral de vigilar lo que pasa y cómo pasa y no aburrirnos a los cuatro días y dejar de presionar. Es una desgracia enorme, pero lo es de todos y somos todos quienes tenemos que esforzarnos. Eso sí, sin caer en banalidades o en ligerezas, porque ni las víctimas ni sus familiares se merecen eso.

Pedro Calvo Hernando.

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