Charo Zarzalejos – Rozando la desmesura


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Es noticia, claro que es noticia de primera página y de amplio recorrido, que 153 personas pierdan la vida en un accidente de avión que no se producía desde hace 25 años en un aeropuerto como el de Barajas, donde cada minuto se realiza una operación de despegue o aterrizaje.

Es el tercer aeropuerto de Europa sujeto en todos sus extremos a la exigente normativa europea. Significa esto que hablamos de un aeropuerto y unas líneas aéreas de primer orden.

El dolor suele traer siempre interrogantes. ¿Por qué ha tenido que ocurrir? ¿Por qué? Es esta una pregunta que se plantea siempre. ¿Por qué muere ese niño víctima de cáncer? ¿Por qué jóvenes en apariencia llenos de vida caen fulminados por un infarto? ¿Por qué?

Los expertos nacionales e internacionales, así como el juez, están en esta tarea que no es fácil ni de pronta respuesta, pero mientras llega surgen las sospechas, se establecen de manera irresponsable relaciones causa-efecto e, incluso, se desvía la atención de manera desmesurada hacia Spanair por la tardanza en hacer pública la lista de pasajeros. ¿Se imagina alguien un error, un solo error?.

No hay que resignarse pero hay que asumir que los accidentes son posibles. El Concorde se accidentó por tropezar en la pista con un trozo de hierro. Increíble ¿verdad?, pero cierto. ¿No se partió el Titanic por chocar con un iceberg? Hay que aceptar que todo lo inventado tiene un punto de vulnerabilidad y que la desgracia es posible.

Es difícil pedir calma a los familiares de las víctimas, pero parece obligado hacerlo a todos los demás; es decir, a los supuestos expertos, a los especuladores, a los imaginativos y a los que se creen que si de ellos hubiera dependido el accidente, no hubiera ocurrido. Y puestos a pedir, hay que pedir esa calma a los políticos y de manera especial al Gobierno, que si bien esta obligado a la asistencia a las víctimas, debe ser consciente de que no se trata de un atentado, por lo que afirmar una y otra vez que «llegaremos» al fondo de lo ocurrido es atribuirse una competencia, una responsabilidad que no le atañe.

No vale revolotear sobre lo ocurrido. Todo está y debe seguir estando en manos de los expertos y en las del juez, que será en último término quien deba establecer responsabilidades si las hubiera. Asistencia a las familias, toda, recuerdo para las víctimas, investigación exhaustiva de lo ocurrido y calma, mucha calma porque hay momentos en los que todo parece rozar, si no lo ha hecho ya, la más absoluta desmesura, y todo lo desmesurado es ridículo.

Charo Zarzalejos.

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