Fernando Jáuregui – La semana política que empieza


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Está claro que un cierto efebismo recorre el espectro político mundial: el culto a la juventud, a lo nuevo, al cambio, se impone.

En América Latina, donde recorro varios países, ese culto se plasma en dirigentes a veces tan peculiares que parecen llevar a sus pueblos a la catástrofe: y pienso, sí, en el indigenismo excluyente del boliviano Evo Morales o en la Constitución que el ecuatoriano Correa trata de hacer aprobar contra viento y marea, amenazando con partir en dos a la sociedad de su país.

Ahora, en el gran vecino del norte, vivimos la «obamamanía», la cabalgata del candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, que esta semana celebra su convención nacional. Obama está tocado por el dedo de la diosa Fortuna, pero no es precisamente un irreflexivo: ha designado a alguien casi veinte años mayor que él para que lo acompañe, como aspirante a la vicepresidencia, en la carrera hacia la Casa Blanca, desairando nada menos que a Hillary Clinton. Un «wasp», blanco, anglosajón, protestante, veterano, acompañando a un negro, joven, impetuoso, lleno de ideas, pero quizá aún algo inexperto. Cambio, sí, pero con gaseosa.

Pienso que Obama ha elegido meticulosamente a este senador que lleva casi cuatro décadas en la Cámara para mostrar a los americanos, y al mundo, que cuenta con los veteranos y con quienes no son como él. Que gobernará, si gana, con todos; y los medios americanos han saludado de forma positiva este mensaje, que distancia más al candidato de color de su rival republicano, que aún guarda la sorpresa de su «ticket» electoral en la manga. Menuda lección para los evos y los correas. Y, pienso, para los zapateros de este mundo…

Porque si algo ha provocado la crítica interna en el Partido Socialista Obrero Español ha sido el olvido de los «mayores», de toda una clase política que frisa los sesenta -Joseph Biden, el que puede ser vicepresidente americano, cuenta 66-, por parte del equipo emergente de José Luis Rodríguez Zapatero.

Aunque es cierto que algunos de estos veteranos aún siguen en el machito -Fernández de la Vega, Solbes, Rubalcaba, Moratinos…-, no es menos verdad que cunde cada día con más fuerza la sensación de que ZP prepara un relevo generacional dentro de no muchos meses: sería el momento de los Miguel Sebastián, Carme Chacón, Leire Pajín…

Nada tengo contra ninguno de ellos, y sí bastante a favor de las dos mujeres: es cierto que Sebastián me ha sorprendido en más de una ocasión con sus actuaciones excesivamente mediáticas, lo que no deja de ser paradójico en alguien que no gusta demasiado de los medios ni de los periodistas.

Lo que ocurre es que me parece que ninguno de los llamados «veteranos» está aún del todo amortizado, y siguen siendo los que sacan las castañas del fuego cuando vienen mal dadas en los frentes económico, de la seguridad, del terrorismo, de la territorialidad… Asignaturas todas que no se aprobaron en junio y que están ahí, demasiado presentes, cuando se reanuda el curso político hablando, de nuevo, de financiación autonómica, de crisis, de inmigración. Y de infraestucturas, que la ministra del ramo tendrá que explicar muchas cosas sobre ese accidente en Barajas que aún sobrecoge nuestros corazones.

Se ha dicho en alguna ocasión, y me parece que es cierto, que Obama y Zapatero comparten algunas características: sus meteóricas carreras, su talante, una cierta inclinación a la improvisación y al arrojo, una dedicación temprana a la política en detrimento de su otra carrera profesional… Incluso, en el plano vital, tienen idéntico afán por preservar a sus dos hijas de los excesos de la popularidad y hasta han nacido el mismo día, 4 de agosto, aunque con un año de diferencia. Son dos Leo de libro, me parece.

Pero a veces tengo la impresión de que Barack Obama «knows better». Sabe mejor lo que le conviene. La selección de Biden, inesperada para muchos, lo demuestra. La veteranía es un grado y, si en el caso del republicano McCain es un elemento contraproducente -a ver con quién lo contrapesa como aspirante a la vicepresidencia-, en el de Biden es un plus que complementa al algo neófito Obama, que seguramente no domina el refranero castellano, pero que sin duda sabe que la veteranía es un grado. Cuando esta veteranía es bien entendida, claro. ¿Se habrá dado cuenta de ello el renovador a ultranza ZP?

Fernando Jáuregui.

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