Consuelo Sánchez-Vicente – Porque tú la pagas


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

«¿Tan poco vales que tienes que pagar? La prostitución existe porque tú la pagas». Este es el impactante lema con el que hoy arranca la campaña contra la prostitución de la Junta de Andalucía, comunidad autónoma que encabeza esta auténtica lacra en nuestro país. Hablo de lacra porque yo creo que lo es.

Quienes esgrimen la libertad de la mujer para justificar que ponga en venta su cuerpo creo que sólo dicen una parte de la verdad. En la inmensa mayoría de los casos, esa persona, que casi siempre es una mujer, no se vende porque quiera hacerlo sino por un cúmulo de circunstancias, como la pobreza o la marginación, que nada tienen que ver con la libertad.

Y casi siempre, también, tras cada una de ellas hay un explotador, el proxeneta, que, aunque quieran dejarlo, las obliga a seguir.

Las asociaciones que han criticado esta campaña de la Junta la tachan de hipócrita por poner el acento sobre uno de los actores, el cliente, en vez de sobre el proxeneta; pero si nosotros mismos queremos no incurrir en la hipocresía de negar que el cliente es el único actor verdaderamente decisivo de la prostitución, creo que tendremos que coincidir con el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, en que no es un mal hilo para intentar desenredar la madeja.

Algo utópico tal vez, ya que la prostitución es tan vieja como el mundo, el oficio más viejo del mundo; pero hipócrita no. Sin clientes, simplemente, no habría prostitutas, y tampoco proxenetas. Como dice este eslogan, la prostitución existe porque tú la pagas, las prostitutas existen porque tú las pagas, pero, también porque tú las pagas, existen los proxenetas.

La política es pedagogía. Esta campaña de la Junta de Andalucía no va a acabar con la prostitución, evidentemente, pero puede ayudar a crear conciencia de que la prostitución no es un oficio sino un fracaso de la sociedad y una injusticia que a nadie libera y que nos envilece colectivamente, a los que no deberíamos contribuir como clientes y ante los que no debemos resignarnos como personas.

La palabra utopía no siempre remite a un imposible aunque habitualmente la utilicemos casi como sinónimo de algo que nos parece imposible. Si creemos con fuerza que mejorar el mundo es algo que depende de cada uno de nosotros y que aunque de uno en uno seamos casi hormigas juntos somos un titán, la utopía puede ser la antesala de la realidad. La utopía de David contra la brutalidad de Goliat.

Consuelo Sánchez-Vicente.

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