Agustín Jiménez – Más larga


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Kaczinsky, el de Polonia, acababa de instalar un escudo que, según Bush, detiene las bombas extranjeras – aun no se ha estudiado por qué los escudos antimisiles se han puesto de moda a la vez que los preservativos – cuando los rusos le comunicaron que sus misiles podían transpasarlo.

Cuando no son afán de justicia (Gengis Kan, la invasión de Irak), las relaciones internacionales son así: dos tipos soeces porfiando por demostrar quién mea más lejos.

Para agredir al vecino sirven las excusas más pintorescas: la subsistencia, la sana ambición, la conversión de los infieles, la democracia. El emperador Marco Aurelio, filósofo y meditabundo, puteó a medio mundo.

La ilustrada Inglaterra y su heredera USA putearon/putean a los indígenas de la otra mitad. Holanda, con fama de compasiva – al menos hasta la matanza de Srebenica – fue un colono atroz en Indonesia, según relatan Multatuli o Pramoedya Ananta Toer.

Solo España puede presumir de desinterés en política exterior. Colón y su panda se desviaron a posta de su ruta por amor a los suramericanos. ¡Que foto hubiera tenido Colón!

Para el segundo hito de la Historia de España ya se había inventado la fotografía, lo que sirvió para inmortalizar al inmenso Aznar de las Azores. La semana pasada, el interesado sólo se quedo corto cuando se autocalificó de principal gloria de los últimos 200 años. Obviamente lo suyo no era larga inteligencia ni moral. Era otra cosa.

Se hacen cábalas estos días sobre quién, de McCain y Obama, será más digno de devolver la honra perdida a su sucia nación. El republicano, que, de vicepresidente eventual, ha designado a una señora parecida a la psicoanalista de Tony Soprano, es tosco y rico y parece honrado; el demócrata, elegante y novedoso, resulta un poco pedante.

Si fueran tan estupendos como los ven sus fans, estaríamos exultantes: dos filántropos compitiendo por ver quién es más bueno. Superado el arrobamiento de los espectadores de mítines – asunto de sociólogos, psiquiatras e ilusionistas -, comprobamos que el blanco exhibe un cierto cacao de ideas que le da visos de tolerante, y el negro estrecha cada vez más las suyas para que su ego sea aceptable a la mayoría.

En Estados Unidos hay miles de personas inteligentísimas y millones de buena gente, pero. la primera confrontación electoral la celebraron en una iglesia ante un molá protestante. Los clérigos son los que bendicen a los ejércitos antes de sus bonitos crímenes corales. No se trataba, pues, de inteligencia ni de bondad. Era otra cosa.

Agustín Jiménez.

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