Fernando Jáuregui – Un poco más de simpatía, presidente


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Llegó Zapatero al poder hablando de talante. Y lo puso en práctica: su gobierno era, y es, mucho más simpático que el que presidió José María Aznar (tampoco era tan difícil, la verdad).

Pero ocurre que me parece que ese talante de ZP se está desviando hacia los alegres reportajes montañeros y se convierte en frialdad cuando se trata de reaccionar ante la tragedia que vive medio millón de personas que han perdido su empleo en los últimos seis meses.

«Un mal dato» no es la reacción que se espera del presidente del gobierno de todos cuando nos anuncian que, solamente en agosto, más de cien mil personas se han quedado sin trabajo. Es algo más que un mal dato: es un drama para todas esas gentes como usted, como ZP, como yo, con nombres, cara y ojos, con aspiraciones e ilusiones.

Y no, no es verdad que pueda ahora decirse, como ha hecho José Blanco, que al fin y al cabo es el «número dos» del PSOE, que la mayoría de los españoles vive «muy bien», aunque haya «algunos casos», como si medio millón fuesen apenas excepciones aisladas, en los que no es así. Ni siquiera discuto si la mayor parte de los españoles tiene recursos sobrados para seguir viviendo «como antes» o no; puede que sí. El problema acaso sea otro, más profundo. Nuestros gobernantes se han instalado en un «statu quo» rosáceo y se niegan a ver la parte oscura de la película, que a ellos les gusta, cómo no, a todo color.

Conste que entiendo perfectamente que desde el poder no se pueden cargar las tintas ni las dosis de catastrofismo: la crisis se agrava cuando existe sensación de crisis. Pero una cosa es mantener una actitud de cautela y otra, muy diferente, contemplar a ese ejército de nuevos parados como un «mal dato» molesto que ensucia el límpido horizonte dorado. Me decía Adolfo Suárez, cuando acababa de abandonar la presidencia, que es complicado identificarse con los agobios del tráfico cuando todo lo ves desde el helicóptero. A eso, precisamente a eso, ha dado en llamarse «síndrome de La Moncloa», señor presidente. El peor síndrome posible para quien soporta la mayor responsabilidad de la cosa pública.

Fernando Jáuregui.

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