Antonio Casado – Pendientes del Capitolio


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Todo el mundo vuelve a estar pendiente a esta hora del Capitolio de Washington, sede del Poder Legislativo de Estados Unidos. Apenas han trascurrido setenta y dos horas desde que, en el tramo final de esta Legislatura en la Cámara de Representantes, cuyo mandato terminó formalmente el viernes 26, los parlamentarios norteamericanos frenaran el plan de saneamiento financiero apadrinado por Bush.

Con la inclusión de algunos retoques como una revisión más realista de los activos, de las compensaciones al contribuyente, o el propio control público del plan, éste vuelve a someterse a votación, primero en el Senado -la renovación electoral de noviembre solo afectará a un tercio de esta Cámara-, y luego, una vez más, en la Cámara de Representantes. De nuevo, las espadas en alto, aunque esta vez parece que la reacción alcista de Wall Street anticipa la fumata blanca. Ahí estamos a la hora de escribir este comentario, pendientes del resultado de la votación en la Cámara baja, que es la realmente decisiva. En el ambiente, muy cargado en este septiembre negro que acaba de caerse del calendario, aún persisten los ecos del angustiado discurso de George Bush explicando a los ciudadanos del mundo que si los diputados norteamericanos no dan luz verde al proyecto (operación rescate de activos tóxicos), las consecuencias serán «largas y dolorosas».

El presidente de EE. UU. tiene razón, según las propias instituciones económicas del país alineadas en defensa del proyecto, los gobernantes europeos y, en general, los expertos de todo el mundo. Pero no habrá nada que hacer si el pueblo soberano, por boca de sus representantes parlamentarios, vuelve a hacerle un «soberano» corte de mangas a su Gobierno en el país donde el dogma de la separación de poderes (Montesquieu vive) todavía no se ha convertido en un alarde retórico.

El elogio de la democracia americana nos permite constatar la impopularidad del plan propuesto por Bush y apadrinado por el Tesoro, la Reserva Federal y los dos candidatos a la presidencia, Obama y McCain. Es la derivada lógica de la votación del lunes (228 no, 205 sí), en la que el vínculo representante-representado se impuso al clamor de los agoreros ¿Hubiera ocurrido si no estuviéramos en vísperas de unas elecciones? Se trata de unos parlamentarios que se juegan la reelección al decidir su voto atrapados entre los dos extremos de la pinza. Por un lado, el votante, el americano corriente, rico en sentido común pero no en conocimientos técnicos. Por otro, los gobernantes, los expertos, el stablishment, donde habitan las mayores reservas de información pero sobre un pavimento de intereses creados.

El sentido común se rebela contra la idea de pasar al ciudadano la factura de una fiesta que estuvo reservada a los ejecutivos de Wall Street. Pero los técnicos y los gobernantes dicen que es imprescindible esa lluvia de 700.000 millones de dólares para fertilizar los circuitos financieros, so pena de males mayores. El desenlace, en las primeras horas del jueves. Como diría un brillante corresponsal españo en Nueva York, nos estamos comiendo las uñas pero sin llegar a los nudillos.

Antonio Casado.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído