Barriga al suelo


MADRID, (ABC)

Es un sabor amargo, pegado al paladar y hecho de una pizca de rabia, algo de tristeza y toneladas de decepción. Lo he sentido bastantes veces en la vida pero ninguna tan intensamente como ahora, quizá porque empiezan a pesarme los kilos, las canas y las cosas.

La primera ocasión que recuerdo con nitidez fue hace justo tres décadas, en Nicaragua, cuando descubrí estupefacto que aquellos sandinistas que había descrito en mis primeras y balbucientes crónicas como la quintaesencia del guerrillero idealista y generoso, eran unos majaderos que torturaban, robaban y asesinaban, sin preocuparse un ápice por la justicia o la libertad. Mucho más adelante, ha habido un buen rosario de hechos en los que políticos, a los que consideraba capaces e ilusionantes, me han dejado frustrado.

La lista es larga e incluye desde los dirigentes de la opulenta Europa, que permanecieron paralizados mientras se desmembraba Yugoslavia a los funcionarios de los organismos internacionales que no movieron un dedo para evitar el genocidio en Ruanda, pasando por la panda de cenutrios que tuvieron la desventurada idea de darle pábulo a la independencia de Kosovo.

Lo de esta vez, aunque no haya sangre por medio, casi es peor, porque refleja ausencia de valores. Siempre sospeché que podían llegar idiotas al gobierno, tanto aquí como allende nuestras fronteras, pero daba por supuesto que el sistema estaba bien diseñado y terminaba imponiéndose. Y que el modelo, con todas sus carencias, era el mejor posible.

Ya no estoy seguro. Lo más llamativo, en el vodevil financiero de EEUU, es que no se dieran cuenta de que se avecinaba. Y que se haya dado por bueno que unos caraduras repeinados -como hicieron aquí con Terra y acaban de hacer con Martinsa- ganen lo que no está escrito a fuerza de especular y lanzar gente a la miseria.

A lo mejor tienen razón Sánchez Dragó, Jerónimo Páez y quienes sostienen que vivimos el fin de una época y que el dominio mundial de Europa y EEUU se desploma como las Torres Gemelas.

Yo, por si acaso, rememorando mis tiempos de reportero audaz: cuerpo a tierra, barriga al suelo y culo prieto.

Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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