Fernando Jáuregui – La rebelión de las bases


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Enorme polémica en Estados Unidos (y aquí, en casa, aunque ya sabemos que allí y aquí estas cosas son diferentes) tras la rebelión de más de doscientos miembros de la Cámara de Representantes norteamericana, votando «no», contra las directrices de sus respectivos partidos, republicano y demócrata, al «plan de salvación» de Bush.

¿Son independientes los parlamentarios que desobedecen las instrucciones del partido por el que fueron elegidos? ¿Ha sido buena esta sublevación, que provocó la mayor catástrofe del siglo en Wall Street, al darse el batacazo el plan de urgencia del presidente de los Estados Unidos? ¿Ha sido buena para la imagen del país más poderoso de la tierra este batacazo, que ha tenido que remendarse a toda prisa en el Senado? ¿Ha sido positivo para los electores de esos más de doscientos representantes díscolos el resultado de su motín, teniendo en cuenta que muchos de estos electores vieron devaluadas sus acciones en un veinte por ciento en una sola jornada bursátil?

Está claro, para mí, que la respuesta es un «no» a todas estas preguntas. Muchos de los representantes que tumbaron el plan de salvación de Bush admitieron que ni siquiera lo conocían bien, pero que actuaron movidos por el rechazo a que los contribuyentes pagaran de sus bolsillos la mala gestión de algunos tiburones financieros, que, encima, se van a sus casas con sustanciosas indemnizaciones. Pero el resultado, para el contribuyente de a pie, ha sido peor: el rechazo al plan ha costado el doble de lo que hubiera supuesto su aplicación, EE.UU ha dado una sensación de debilidad ante el mundo entero, la campaña electoral norteamericana se ha visto boicoteada por este suceso -tanto McCain como Obama han perdido prestigio ante los suyos y frente a los otros- y, por si fuera poco, nadie se cree los motivos presuntamente altruistas de los rebeldes: más bien, todos piensan (pensamos) que estos rebeldes miraban, ante todo, hacia su reelección. Querían presentarse como gentes que, por encima de sus propios partidos, piensan en su circunscripción electoral. Sospecho que el tiro les ha salido por la culata: hay bastante más irritación con ellos que admiración hacia ellos.

Una cosa es el diputado silente, culiparlante, como los que se usan por estos pagos, y otra es el que, desoyendo los intereses e la nación -y del mundo entero, en este caso- sigue sus propios intereses electoralistas. Ni una cosa ni otra, por favor. Al final, quien se apoya en un partido para conseguir el escaño no le debe todo al partido, pero sí algo, o bastante. Me parece que ninguno de los que votaron «no» en la Cámara de Representantes merece volver a ella en la próxima legislatura.

Fernando Jáuregui.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído