Agustín Jiménez – La mano tonta del Estado


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

La intervención del gobierno norteamericano ha tenido como efecto inmediato otro nuevo patinazo de las bolsas europeas y americanas, incapaces ya de saltar la famosa barra de los 10.000 puntos, a cuya animada fiesta se acaban de sumar las plazas asiáticas, suramericanas y oceánicas.

Los chinos no podrán crecer al ritmo desenfrenado al que acostumbran si los demás países no compran y algún microbio les corresponderá cuando poseen el 15% de la deuda pública americana y guardan en dólares el 70% de sus reservas.

Los países árabes y otros socios petroleros se enfrentan al hundimiento del consumo de la gasolina, que esta semana ya costaba (bueno, no en las estaciones de servicio) la mitad que hace unas semanas. Parece que solo las bolsas africanas aguantan bien («capeaban el huracán», según la bonita expresión inventada el pasado domingo por el telediario de TVE)).

Santa Teresa recomendaba no hacer mudanza en tiempo de turbación. Lo más preocupante de la situación es el concurso de manotazos al que se han entregado los gobiernos. Por primera vez en años, Islandia está siendo noticia internacional por la enérgica actuación de su gobierno, dispuesto a dirigir completamente las cosas banqueras. Bélgica, que puede presumir de la administración más ineficaz, chanchullera e inmovilista de esta parte del mapa y que lleva año y medio sin saber formar un gobierno estable, ha sido la europea más activa en la defensa del patrimonio establecido. Su intervención de Fortis y Dexia es de preocupar.

Afortunadamente, se están despertando los nacionalismos. Bélgica ha empezado a quejarse del nuevo colonialismo francés. En efecto, para el consejo de Dexia, Sarkozy ha colocado a un amiguete; los belgas, fieles al conchaveo de su clase política, solo tenían disponible para el cargo a un ex primer ministro trilladísimo, aquel Dehaene que en su día dirigió con mano maestra el hundimiento de empresas como Sabena. Sarkozy, en quien indudablemente perdura la vieja y siempre frustrada manía francesa de formar un imperio, ha aprovechado la coyuntura para imponer su mano. Invitó a una reunión cerrada a gente importantísima de Alemania, Italia e Inglaterra. Inglaterra ni siquiera está en el euro, Italia es propiedad privada de Berlusconi, Alemania se caracteriza últimamente por su solidaridad extrema (por ejemplo, en el tema de la energía, que tantas alegrías nos ofrece en la relación con Rusia). Para no defraudarnos, los reunidos decidieron librar guerritas cada uno por su cuenta.

¿Qué medidas enérgicas ofrecen los gobiernos? Una: nacionalizar. (La intervención norteamericana a finales de los 90 (400.000 millones) causó unas pérdidas al contribuyente de «solo» 15.000 millones). En todo caso, con los actuales índices de déficit público – la situación es mejor en España, pese a todo-, los gobiernos deben necesariamente endeudarse para comprar haciendas. Dos: Las pérdidas son las de un fantasma financiero invisible, las de los empleados de la banca y, tal vez, las del pequeño ahorrador, pero no se hace nada por los demás ciudadanos ni desde luego se renueva el edificio económico. Desde hace unas semanas, el estado francés avala a los estudiantes que solicitan créditos. ¿Por qué no intentar algo así con los hipotecados?. Tres: la medida más repetida es aumentar la garantía de los depósitos (20.000 euros es la media general). Quizá sea buena; pero rezuma un mensaje de pánico, pánico, pánico: Tras salvar a las clases altas de sus propios desmanes, el estado se propone tranquilizar a la neurótica clase media. En España queda por ver qué se hace con las cajas de ahorro.

Agustín Jiménez.

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