Consuelo Sánchez-Vicente – No sabemos hasta cuando


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

La cura de realismo que nos está dando la crisis también se está haciendo notar en los llamados sindicatos «de clase», y ¡a qué velocidad! Tan solo cinco meses después de la última Fiesta de los Trabajadores, convocada bajo el lema «Por un trabajo estable, con derechos y de calidad» el pasado 1 de Mayo, los representantes de los trabajadores han vuelto a convocar en la calle a sus representados a la voz infinitamente más modesta de «Por un trabajo decente».

Poco más creo yo que se puede pedir en los tiempos que corren con los pies en la tierra que un trabajo decente. ¡Y con un canto en los dientes!, cabría añadir; porque al ritmo infernal que está creciendo el paro, incluso una aspiración tan absolutamente elemental debe sonar utópica en los oídos de quienes ya han perdido su empleo y en muchos casos la misma esperanza de volver a encontrar trabajo en esta crisis a la que no hay gobierno ni experto que se atreva a poner fecha de caducidad.

Y la famélica legión de La Internacional, se hizo carne; los parias de la tierra del himno ya están aquí. En las colas de «las sopas de caridad» de las grandes ciudades, los parados nacionales han empezado a disputarle el turno a los sin techo y a los inmigrantes sin «papeles»… y con «papeles».

Y en las plazas mayores de los pueblos vuelven a verse a primera hora de la mañana hombres y mujeres a la espera de que les toque «la lotería del jornal» -yo necesito dos, tú y tú, yo tres… mañana Dios dirá-. Quienes aún tenemos trabajo, simplemente, nos pellizcamos al levantarnos para comprobar que estamos despiertos, y salimos de casa con la sonrisa de oreja a oreja dispuestos a no emitir en todo el día ni un ruidito, ni una queja; ni de la paga, ni del horario por largo que sea… Y el jefe -o jefa- , por odioso -u odiosa- que antes nos pareciese, ahora nos parecen ¡fenomenal!

¿Saldremos de ésta? Si, claro que sí… pero no todos. El miedo a ser el próximo parado, por ejemplo, corre paralelo a la edad, no es fácil que los parados que frisan los 50 vuelvan a encontrar un trabajo, y en muchos casos se verán expulsados del mercado laboral sin haber tenido oportunidad de completar los 35 años de cotización para tener derecho a una pensión «decente». De las crisis siempre se acaba por salir pero siempre se cobran sus víctimas. Las crisis son las purgas de los atracones de prosperidad, y apretarnos el cinturón y mantener la calma es, además lo único que podemos hacer, lo único sensato.

Consuelo Sánchez-Vicente.

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