Agustín Jiménez – Dos grados en Reikiavik


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Al cambio actual, 36 grados Fahrenheit solo hacen dos grados. En Islandia les ha pillado un fresco prematuro. Los dichosos ciudadanos que otrora solo rendían cuentas al océano esperan como agua de mayo un préstamo del Fondo Monetario Internacional (otra institución en la picota) y han perdido (frente a Austria y Turquía) el asiento del Consejo de Seguridad al que aspiraban. Los solitarios desean hoy un puesto en la mesa común de la Unión Europea. Como en todos los rincones de la Unión, en los bares de Reikiavik suena la voz gangosilla, de Carla Bruni, primera dama en ejercicio de la Unión, la italiana que se caso con el húngaro que manda en el imperio. El ministro de hacienda de Turquía- o, mas en concreto, Kemal Unakitan – ha asegurado que tomara medidas para que en su tierra no se interrumpa el flujo crediticio. En Estambul se ha abierto un nuevo proceso contra una nueva conspiración de 86 personas que conspiraban para derrocar la vieja republica islámica. En Austria, una tristísimo multitud, con abundancia de lodenes negros (loden/lodos) , ha dado su ultimo y sentido adiós a Jorg Haider, muerto a 140 kilómetros por hora. En Italia, Saviano, el de Sodoma y Camorra, sigue corriendo de la mafia napolitana, a la que el papa dice que prefiere no soliviantar. Saviano aun no pasa apuros económicos. En Francia ha muerto Soeur Emmanuelle, icono de las mujeres buenas.

Carla Bruni no es monja. Amara de verdad a su Nicolás (con N de Napoleón)? Borges, que no entendía islandés ni sabia mucho de Islandia – como todas las leyendas, esta es falsa -, amo esa isla por su lejanía, por enredarse con las metáforas, por dar asilo a Snorri Storluson y porque Islandia fue el primer país del mundo que ordeno sus leyendas. Pero el cuento se te acaba en cuanto te tienen que dar un préstamo y la única leyenda de ahora la hilvana Carla Bruni, primera dama, en los altavoces de Reikiavic, melosa, fácilmente desnuda como en Internet, vaga e inexistente como un Paris de literaturas. Islandia, por su parte, deberá contentarse con su enorme tesoro de salmones muertos. Los puede ahumar.

Al napoleónico consorte de la Bruni, unos piratas chistosos le han birlado un trozo de la cartera en internet. La Red es el nuevo océano por el que todos estamos zozobrando. Un océano de chismes y ballenas. El océano de peces ahumados en que se ha hundido Islandia, otro continente perdido.

Agustín Jiménez.

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