Consuelo Sánchez-Vicente – Justicia para Mari Luz


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La falta de medios que denuncian es cierta, las injerencias políticas en sus órganos de gobierno e incluso en algunas resoluciones de los tribunales también, y la inmensa mayoría de los funcionarios de Justicia, profesionales que luchan contra los elementos con el mayor decoro. Pero entre todas las ocasiones que han tenido las asociaciones de los distintos cuerpos judiciales para convocar una huelga de protesta como la que convocaron ayer, el «caso Mari Luz» me parece el menos indicado.

270.000 sentencias judiciales sin ejecutar son muchísimas más de las que un país medio serio se puede permitir, e infinitamente más de las que las asociaciones de una administración de Justicia medio solvente pueden admitir sin chistar. Pero, solo cuando la injerencia política se ha traducido en petición de sanciones ejemplares para dos de ellos, el juez y la secretaria judicial del «caso Mari Luz», ha rebosado el vaso de su igualmente infinita paciencia, y se han puesto en huelga. Y aunque en el fondo del asunto tengan razón, yo a esto le llamo corporativismo

Mientras los fallos del sistema han recaído sobre los simples ciudadanos: cansados de estar hartos de la injusticia inmensa que supone una justicia tan politizada y cortita de medios como la nuestra, las asociaciones de los hoy huelguistas han guardado un silencio que no mejoraría un fraile cartujo. Y lo mismo hay que decir de sus órganos de gobierno, tan comprensivos hoy con los huelguistas, pero cuando las injerencias políticas que ahora rechazan indignados son para repartir cromos, cuotas y puestos, también silencio cómplice. La alarma social provocada por las inadmisibles circunstancias del asesinato de Mari Luz ha sido el caldo de cultivo de esta huelga. Pero cada una de las sentencias firmes sin ejecutar podía haber desencadenado un «caso Mari Luz»

Hay falta de medios, y hay injerencia política, pero desde muchos años. Y aunque sería necio negar que este estado de cosas ha podido contribuir al trágico desenlace del «caso Mari Luz», también hay que decir que el juez Tirado y su secretaria judicial no son simples espectadores de la cadena de errores que ha culminado en el cruel asesinato de esta niña inocente, sino protagonistas principales, y culpables, por lo menos, de desidia. Aunque se pida mal, como ha hecho el gobierno, pedir para ellos una sanción proporcionada al mal causado no me parece que merezca esta huelga, ni que sea tratarles como cabezas de turco. Aquí no hay más que una víctima: la pequeña Mari Luz. A ella, en mi opinión, es a quien hay que hacerle justicia.

Consuelo Sánchez-Vicente.

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