Carlos Carnicero – En Washington, ¿para qué?


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Hay consenso universal en España de la conveniencia y necesidad de que nuestro país esté representado en la cumbre de Washington en donde asisten por pleno derecho los miembros del G-8 y del G-20. El presidente de Gobierno, el cuerpo diplomático en pleno y toda la Administración del Estado se han volcado en esta cruzada pública para conseguir una entrada, aunque sea de grada, en la reunión que se supone va a cambiar el sistema económico mundial.

España está a medio camino entre los emergentes y los hiperdesarrollados. Tierra de nadie pero con parámetros que permiten optar a la liga de primera división a la que sentimos pertenecer. En nuestro haber está el salto del subdesarrollo al progreso conseguido en un tiempo récord de veinte años. El punto de partida fue sin duda la entrada de España en la Unión Europea en 1986. Después, un extraordinario salto para recuperar el tiempo perdido y pasar a ser una de las diez primeras economías del mundo, además con un sistema social avanzado. Todavía no se ha reconocido la magnífica negociación del Gobierno de Felipe González para la adhesión europea.

Ahora, tras algunos déficit importantes en política exterior -producto sobre todo de la falta de dedicación y continuidad en estas políticas en la alternancia de Gobierno- José Luis Rodríguez Zapatero ha retransmitido en directo su campaña para tener asiento en Washington. Si gana, su imprudencia al hacer públicas sus aspiraciones, habrá sido recompensada con el éxito. Si pierde, la oposición le va a hacer picadillo.

Pero, ¿qué queremos hacer en la reunión de Washington? Podemos ir a explicarles el blindaje de nuestro sistema financiero, por el que ya hemos sacado pecho. Eso puede ocupar cinco minutos. Después de las crisis bancarias de los años ochenta en donde el Estado insufló fondos para que no se produjera la quiebra vino un periodo de concentración bancaria que, no sólo blindó a nuestros bancos, sino que les permitió una formidable expansión internacional. Y luego un excelente funcionamiento del Banco de España como controlador. ¿Y qué mas? Convendría que el presidente de Gobierno empezará a explicar qué bandera vamos a levantar en la reunión con Bush y qué alianzas vamos a empezar a tejer para el futuro inmediato, que es donde de verdad se dibujará el nuevo orden económico internacional. Sacar pecho por nuestro sistema bancario no está mal, pero no es suficiente.

Carlos Carnicero.

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